martes, 27 de octubre de 2015

Lecciones a Sofía


Sin rozar el cuerpo de Sofía simuló por encima del cuerpo una extensa y larga caricia que iba desde la nuca hasta los bellos dedos de los pies. 

Un experto en estas artes la hizo estremecer apartando de su cuerpo la poca ropa que aún la quedaba puesta, dejando su larga melena rubia expuesta a las inclemencias de la espalda.
Un lienzo que ella atesoraba tan solo para él. 
Permitió que ella se levantara despacio con los labios entre abiertos, aún sus medías puestas y la lencería que en ningún momento la quitó del cuerpo.
Sus manos descendieron hasta el vello de su acalorado objetivo con un gesto aparente y lascivo. 
Ella apretó la mandíbula entre dolor y rabia conocedora ya de las artes febriles de esté amante traidor. 
A ciegas identifico sus senos que sobresalían pequeños y dánilos de aquel pequeño y delgado cuerpo.
Se deslizó con extrema lentitud como otras veces había hecho tan solo con sus palabras en la superficie transparente y aparente de sus mentiras elocuentes. 



Colocó sobre ella la única caricia que siempre llevaría como sello de identidad, colocando la Daga cerca de su mano, que inmediatamente había reaccionado a los gemidos de Sofía. Intentado entrar en su cuerpo como antes había conseguido entrar en su mente para doblegarla definitivamente a todas sus órdenes. 

Era embriagador ver aquella escena de tanto deseo y esperas deshonrada la extranjera en tierra de nadie. 
Él en el fondo debía pensar que pertenecía a una raza superior de hombre arrastrando a la sumisión a mi pequeña y encantadora amiga.
Penetro el fondo oblicuo y virgen de su cuerpo, mancilló su imagen en el reflejo de los mil espejos como las caras que él poseía, sin más ... ella mientras tanto lloraba la espera que jamás se llevó a cabo. En su aparente puritanismo gozaba con la esclava venganza de su propio confesionario. Recordando entre sollozos cuando dio fin a está historia sin más de algún sentido.
Bastaba la vida para dejar el peregrinaje entre los cuerpos, con tan solo una sincera palabra, ella hubiera comprendido la exigencia de tanto vacío y soledad. Pero afirmaré en contra de alguna voluntad nacida de alguna absurda creencia que el pecado de su carne fue el más delicioso de los placeres. Resurgió del infierno Napoleónico que la procuraba un éxtasis desgarrador. 
Confesiones y confusiones húmedas de un amante mediocre. Adquiriendo el placer de conquista en toda falda larga que a sus páginas de sociedad llegaba, Norte tierra de infantiles juegos. 
Esta es pues, la hora exacta donde ella dijo Adiós en una mañana de radiante sol y olor a jazmín en sus labios. Y así fue como su tiempo se paró a modo de relato cansino, siendo estos meses
amantes silenciosos que guardando con arte y sabiduría cada una de sus palabras escritas. Nunca se pronunciaron en las locuras sórdidas de los libertinajes para eso y esto ya existían otras amantes en el camino, todas por supuesto Amadas, Bellas, Delicadas y Exquisitas que como gran Don Juan debía dejar constar. De escándalo en escándalo quedaba ella sin saber ni aprender, lástima no saber y/o no querer. 
Sofía está vez has aprendido la lección; la vida es así de cruel aunque 
tú sigas pensando que una parte puede ser del color que se dibujan las 
nubes cuando estás enamorada.


Don Juan a Sofía.

1 comentario:

Ame dijo...

El instante preciso de una noche mágica, qué importa el antes y qué importa el después, es el momento lo que hace sublime el recuerdo
Un beso, Don Juan