miércoles, 11 de noviembre de 2015

Esos amores que aún sueño.

Esos amores son inolvidables.... Esos que te aman sin amarte, esos que te poseen sin tenerte, esos que envuelve en espuma de encajes, como leí hace sólo unos instantes, esos amores,.... no se olvidan.
Aún sueño con esos risos amarillos tan dorados como el pincel que los pintó, esos ojos verdes que se confunden con el color del mar, esa vista perdida en recuerdos que no te pertenecen, esos labios que brillan de deseo y se opacan ante el rubor de tus pensamientos y las cosas hechas sin pensar, aún sueño con esos senos tan redondos, con ese cálido vientre que se estremece al baile de sus dedos, a esas sensaciones de deseo que no logran alcanzarla. Aún sueño con esas nalgas blancas que se comprimen a la danza de sus manos y derraman sensaciones de olvido, a sus ojos cerrados. Aún sueño con sus piernas abiertas y luego apretando la luz dorada de un orgasmo, aún sueño con esa playa solitaria donde ella camina tan sólo acompañada de un perro, perdida en sus memorias, aferrada a una imagen tenue que esconden las cortinas que amarran sus secretos más guardados. Aún sueño con su deseo encriptado en mi mirada y sus gemidos ahogados en un sueño eterno, un sueño después de la siesta que la había cobijado y que una vez interrumpí , para hacerla volar entre los míos... aún sueño con ella, aún sueño.
 Y aunque el tiempo haya escondido su imagen, hoy entre las agujas de mi reloj se mantiene viva, despierta y hablándote con un acento que susurra, que acaricia y no se olvida, con una mirada de niña que seduce, que enloquece y muere entre tus manos... cada una de sus palabras quedó colgando de mis oídos, como un aro de deseo y lujuria. Sus dedos brillaban, sus manos la encadenaban a sus gemidos, y fue derramando su saliva en la comisura de sus labios, en la arrogancia de su vientre y en los temblores que la envolvían, como las olas que se escabullen entre la arena y las rocas... sólo un recuerdo, sólo una imagen y vuelve a ser de esos amores que no te aman y que tu no olvidas. 

Don Juan De Marco, y las imágenes que nunca se borraron.