domingo, 23 de mayo de 2010

EL OLIMPO DE MEDEA

"Un día estaras desnuda frente a mi, preguntandote porqué?, mis manos tendrán atrapadas tus caderas, mi rostro mirando fijo a tu sexo desnudo, te volveras a preguntar, mientras mi nariz se acerca a tí, desnudando tus deseos....tus vellos enredados en mi nariz, y ya mirando al cielo te volveras a preguntar, mientras tus ...lab ios vaginales irán soltando tu perfume, húmeda , mojada...entre gemidos te volverás a preguntar..porqué? ...mis dedos ya estarán rozando apenas tu sexo y mis labios besando tu vientre,... ya entregada dejarás de preguntarte y hundirás mi rostro para que mi lengua te habra con delicadeza, mientras recojo tus fluídos hormanales, y la sal se apoderará de mi boca...sediento y abrumado por la suavidad de tu cuerpo, serás toda mía. Mientras tus senos lucharan por escaparse de mis manos...luego vendrán los caudales y me tirarás en tu cama para ser eterna entre mis caricias, tu desnuda e impávida, agazagada por el rumor de mis palabras...... y te sentirás eterna. La diosa del olimpo que abusó de un mortal que te deseaba sin condiciones..... y de nacerá un semidios que le hablará al mundo de lo exquisito que es disfrutar del eros en desnuda conciencia...." Suave por el resultado de mis embestidas no dudo en doblarse hacia la mesa y dejar que lentamente entrara en sus entrañas, abriéndolo todo...esta mujer gemía como si fuera el último de sus placeres...gustosa de sentirlo adentro, horadando todo lo que encontraba a su paso y jadeó reventando en líquidos pegajosos y suaves... lloró de placer hasta alcanzar el último de sus orgasmos... ven, quita de mi mi ser la vida, y déjeme deshacerme entre tus dedos..por favor no dejes de empujar hasta verme tirada y enredada entre las sabanas... y cerró sus ojos... temblando sus labios y gimiendo entre lascibas voces de ahogo eterno..."

Don Juan de Marco

martes, 11 de mayo de 2010

Atrapado...

" Siempre cansado y esperando la rutina diaria, pero hoy tus manos no dejan respirar, cada caricia, cada ronroneo que escapa de tus labios me hace temblar...se que tienes ganas, que tu cuerpo esta en brote, que de tus pechos se escapan gotas de néctar acusando tu deseo..... puedo sentir tu piel tibia junto a la mía, y mi sexo despertando al roce de tus dedos....te deseo... me ahogo buscando escapar , pero no lo logro. Tus dedos me eclavizan, tus besos me someten.... tus labios bajan insistentemente para tomar poseción del último escape, la última salida.. te apoderas de mi voluntad, me entrego, dejándome llevar por tu pasión, siento el peso de tu cuerpo sobre el mio, y como me atrapa tu sexo dejándome sin aliento, tus jadeos, tus emergentes senos al movimiento de tus caderas.... el mundo gira a mi alrededor...mis manos se dejan llevar en las oleadas de tu vientre, se apoderan de tus nalgas calientes, y tus senos en movimiento, la espiral de tus pezones erguidos y duros y boca tratando de atraparlos mientras tu cuerpo se agita buscando mi orgasmo, me entrego cierro los ojos y escucho en eco tus gemidos lejanos...algo estalla dentro y me pierdo entre las sombras de mi mente perdiendo el sentido... es todo...es silencio...y caes sobre mi cuerpo besando mis labios y agradeciendo al cielo lo que has vivido...estoy en calma, mis ojos se cierran y muero cubierto por tu cuerpo, satisfecho cubierto de suave piel tibia, y mojado por tu sexo..."

Don Juan De Marco

sábado, 1 de mayo de 2010

EL RITO...poseída por el deseo

"Me tomó de las manos y pasamos a través de su pequeña casa, la cual sólo consistía en dos habitaciones: una era la cocina y la siguiente el dormitorio matrimonial, donde no había una cama , sino que una inmensa y plana piedra volcánica. En el patio que le seguía, había un cobertizo y dentro de él estaba un cordero con cara lastimosa y presintiendo la muerte. Kanuya, el indio que me había traído hasta aquí, con una fuerza sobrehumana tomó el animal y lo puso sobre una mesa. Agarró su cabeza fuertemente hacia atrás y me pidió que la mantuviera en esa posición. Yo asustada accedí sudando y temblando de pavor. En ese instante una mano finamente esquelética de largas uñas, curtida y morena se asomó con un inmenso cuchillo. Era la mano de Juane, que con movimientos lentos y recitando unas palabras en su lengua enterró el filo brillozo en el cuello latiente del animal. La sangre, de un rojo oscuro, brotó como un arroyo. Yo atisbaba de reojo lo ojos del animal y en ellos no encontré ningún sentimiento, no había dolor, ni siquiera estaba reclamando, ni tampoco pataleaba para arrancar. Ese cordero estaba tranquilo y pienso que quizás aquella oración tántrica que Juane recitaba lo tranquilizaba. Mientras un plato de greda ubicado en la tierra recibía aquel tejido líquido del animal.
Ahí estaba Juan de Marco, me abrazó y su rostro era otro. Estaba joven y vestido con ponchos de lana de Vicuña bellamente decorado con figuras geométricas perfectas.

Era un hombre bello, de piel canela y ojos negros como las aceitunas. Su pelo crespo y semi cano, caía sobre sus hombros y tenía unas hermosas piernas peludas que asomaban por un corto faldón que usaba. Sonriendo me dijo que teníamos que bailar, que aún no habíamos terminado el rito. Paradójicamente me hablaba en Kunza y yo entendía todo. Le respondí con una sonrisa. Por supuesto bailaría con aquel tremendo hombre musculoso y sudado. Y durante todo el camino me llevó de la mano. En un momento miré al cielo y Dios me escribía en una mancha de sangre. No alcancé a ver que era lo que decía, porque Don Juan de un tirón me dijo: hoy bailaremos para ella y apuntando hacia el horizonte, estaba una bella india desnuda, me apliqué inmediatamente y levantando mi mano la acaricie.
Era ya de noche y el cielo estaba encendido de rojizo y azul.
Don Juan tenía el animal, que habíamos sacrificado en el centro del cuarto y otros bailarines con otros corderos muertos nos esperaban para comenzar el baile. Don Juan tomó mis vestimentas y las rompió. Quedé desnuda ante todos ellos. También lo hicieron los demás. Don Juan agarró una pata de animal y me pidió que hiciera lo mismo. Yo le sonreí y no pude evitar desviar mis ojos a la inmensa virilidad que le colgaba. Me retó: ¡concéntrate y baila!. Y el baile empezó lento pero en ascenso. A cada vuelta los tambores sonaban más fuerte, estaban dentro de mí y en un momento inesperado me poseyeron con una energía desconocida por mí hasta entonces. Recuerdo que golpeaba al animal en la roca junto a mi y la sangre saltaba por los aires manchando mi cuerpo y aquello me excitaba de sobremanera. Luego nuevamente la música se calmaba y otra vez comenzaban a subir, hasta llegar por segunda vez al éxtasis. Creo que en algunas ocasiones me caí sobre el animal. Don Juan me levantaba y me alentaba a seguir.
Finalmente me recostó sobre las piedra lisa que estaba en la oscura habitación, abrió mis piernas con brusco ademán, y los que estaban ahí, fueron acercándose y pasando su lengua sobre mi sexo mientras don Juan afirmaba mis brazos.
No podía contener mi deseo de ser poseída por ellos, todos esos sudados cuerpos a mi alrededor, sobando y acariciando mi piel... sus manos recorrían todo mi cuerpo y la sangre del cordero me excitaba. Caía de su cuello creando gotas que golpeaban el fondo de la olla.
Finalmente, otras manos sujetaron las mías y mientras la india lamía entre mis piernas apenas rozando mi sexo mojado, sentí las manos de don Juan bajando por mis senos dibujando mi figura con sus fuertes manos, hasta que rodeó con sus dedos mis pezones girándolos como un reloj, mientras de ellos asomaban ligeras gotas turbias blancas, que el recogía con suavidad. Sentí como mi cuerpo se tensaba, mientras la lengua de la india no dejaba de lamer, hundiéndose en mi sexo y sacando todo lo que chorreaba de él...los espasmos se vinieron, mi vientre explotó sin poderse soltar de los que me sujetaban los orgasmos empezaron a sucederse uno tras de otro y sentí ese tremendo miembro entrando y abriendo mis caderas hasta tocar mi fondo con fuerza...sentía su forma dentro y no dejaba de gritar ... amun jadue kata men...palabras sin sentido pero que se alejaban de mis oídos haciéndose eco en mis entrañas.....
Desperté desnuda tendida en una roca plana, cubierta de semen en todo mi cuerpo, pero con una calma exquisita... creí que estaba soñando..pero el rito había terminado perdiendo el conocimiento hasta despertar... nunca supe si sólo fue él el que me poseyó...pero ya nada me importaba ...mi cuerpo estaba en calma y satisfecho como si se hubiera cumplido mi más grande fantasía... ser poseída por un semidios humano de enorme sexo y deseo irrefrenable...."

Don Juan De Marco, poseído.