lunes, 30 de junio de 2014

Pasión Atrapada


Al verte pasar por ese callejón, oscuro y mojado, no pude mantener la calma, perdona, pero cuando tus piernas que empezaron a temblar, me sentí el extraño traidor... salí a tu encuentro y me detuve sólo para hablarte... apenas gemí tu nombre, y aunque enmudeciste de la impresión, me miraste a los ojos retandome a acercarme a ti... me acerque procurando no asustarte, y cuando por fin alcance tus caderas, rogaste silencio, y temblando entre mis manos, me dejaste acariciar y disfrutar de tu asustada figura.
La escasa luz que nos iluminaba me permitían distinguir tus ojos cerrados, mientras mis dedos, buscaban bajo tus faldas, descubría  el temblor que humedecía.. tu ropa interior acusaba el deseo que sentías entre tus tibias piernas, las que no dejaban de jugar a juntarse y separarse al ritmo de mis dedos curiosos. Hasta que alcance el impregnado triángulo que acusaba tu estado de excitación por el encuentro. Al sentir mis dedos suavemente escarbando entre las delicadas telas que le cubrían, de donde un néctar espeso y tibio corría entre los pliegues que deliciosamente se habrían a las caricias suaves que buscaban despertar el más cálido de los deseos. Sentía como tus rodillas se doblaban cuando baje para perderme entre tus faldas y sentir el delicado aroma que emanabas... como buscaban mis labios la fuente del licor que sentía entre mis dedos... bebí mientras tus espaldas buscaban afanadamente donde apoyarse, y sin encontrar ese punto de apoyo, te dejaste caer sobre mi boca que se enterraba en tu sexo  empapándome de  zumo que escapaba sin control mojando todo a su paso, ese sabor que fue siendo cada vez más fuerte y denso, de la textura más suave que jamás habían probado mis labios, y desvanecida entre gemidos, rogaste que entrara entre tus piernas cuando sentiste mis sexo duro y ansioso de penetrarte hasta topar el fondo de tu de tu canal de ansiedades... montaste hasta quedar de rodillas gozando del temblor y mis jadeos , y embestí hasta sacar de tus labios cerrados y en gemidos gritos de placer, mientras tus caderas se agitaban empujando cada vez más profundo, enterrándome dentro y atrapándome entre murallas mojadas que no dejaban de de temblar en tan duro y venoso elemento... tus gritos empezaron ahogarse en la oscuridad del callejón, y tus gemidos quedaban atrapados en tus labios, que ya cubrían mi boca mientras tu lengua buscaba placer en la tibieza que te envolvía... tu sabor y el mio se mezclaban para gozar de esos besos que robabas al extraño amante que te había abordado en el callejón, tu vientre temblaba al roce de mis frías manos que afirmaban tus caderas para mantener el vaivén de tu cintura, de pronto detuviste la danza de placer, apretaste tu sexo envolviendo el mio y luego de un jadeo acompasado de gemidos, agonizaste en una muerte lenta , clavada en mis caderas, empujando con fuerza tu sexo contra el mio, atrapando el orgasmo que escapaba de tu interior, para sacudir tu pelo sobre mi pecho...y en ese preciso instante, sentiste una fuerza mojada y espesa dentro de ti, cálida como lava ardiente recorriéndote por dentro... luego el silencio lo escondió todo, cada gemido, cada sacudida de dos cuerpos encendidos por el deseo, y caíste semi desnuda en el frío pavimento, tus bragas a media rodilla, abiertas y mojadas, tus senos semi desnudos desvestidos por mis manos, y un vientre que no dejaba de temblar... labios que aún gemían la noche, mientras me alejaba en la oscuridad reponiendo mi pantalones ..... te mire de reojo, y descubrí, que no necesitabas de presentaciones, y que este encuentro, algún día volvería a repetirse en la oscuridad del viejo callejón, humeante por las calderas de los viejos edificios que le rodeaban...

Don Juan De Marco, y el vientre tembloroso de andrea.- 

martes, 10 de junio de 2014

La Piel de Andrea.-

 
Cuando sentí sus piernas abiertas, sentí como entraba en mi mente el aire fresco del deseo.. podía sentir la fragancia que entraba a mis sentidos invadiéndolo todo, esa espesa fragancia que corrompe los instintos más básicos de la mente, donde la genética de tiempos prehistóricos arraza con todo lo que se encuentra por delante, de forma irracional. Ahí tendida frente a mis ojos, y ese derriére que me invitaba a todo, expuesto sin pudores, a mis hambrientos instintos eróticos.Me detuve a contemplarla por algunos instantes mientras lo movía en círculos, y jadeaba invitaciones a la lujuria que hasta ese instante ya bloqueaba mis pensamientos y sentado en el sofá, estiré las manos para alcanzar tan sublime belleza, perdiéndose mis dedos entre sus nalgas, sintiendo como el sumo de su sexo los mojaba suavemente derramando a hilillos espesos que se untaban en mis dedos como finas telarañas, Andrea, sumida en sus más profundos deseos se dejaba hacer sin ansiedad.
Después de contemplar su oscura piel canela dorada por el sol del Caribe , la dibujaba frente a mis ojos como una diosa del olimpo, pidiendo sacrificio a quien quisiera poseerla, y sin más caí de rodillas frente a ella, y suavemente fui untando sus deseos en mi sexo para luego presionar entre sus nalgas y entrar profundamente hasta los rincones más sensuales de su ser....  donde la miel que escurría entre sus piernas iba suavizando las embestidas, para hacerla cada vez más suave y asequible a mis intenciones... sus piernas temblaban mientras sus gemidos iban llenando el habiente aromatizado del deseo que nos acorralaba, no había otro camino, no había posibilidad de evitar esas embestidas, que fueron transformando sus gemidos en jadeos, y sus juegos en placeres.... sentí como se convulcionaba mi cuerpo dentro, como suplicaba toda la liberación que estaba acumalada después de observarla sin pudor expuesta a mis deseos... y entre jadeos y temblores, gritos y suplicas fui derramándole dentro como un volcán en erupción, llenando cada rincón con exquisitos fluidos que ardían por ser liberados, y encorvado sobre sus caderas mordí su espalda como un felino en celo, apoderándome de todo su ser, y empujando con locura hasta derramar  la última gota, donde el sudor y los sumos derramados se juntaban para para formar el más exquisito de los placeres, el más refinado de los licores , donde los frutos probados nos llenaban el alma, y ambos sucumbimos hasta quedar tirados sobre la alfombra ya sin aliento, mojados en sudor, gimiendo entre suaves embestidas y besos salados....

Don Juan.... sucumbe a los deseos de Andrea.

sábado, 7 de junio de 2014

Ocaso de Luna


A la hora de amar con la carne y el sudor evaporizándose en sus cuerpos...

No importa donde,
 No importa a quién,

lo importante es el placer.
Renovar cada impulso.
Volver al mismo húmedo lugar dónde se esconden
los más exquisitos y mojados placeres,
Sentir latir y pulsar el sexo dentro de ellas.
Quitar lo que no ayuda, reemplazarlo por lo que  crece.
Lavarse los dedos en su interior y la cara con néctares transparentes y de textura suave.
Pensar.... Sentir,
Que uno es tan capaz de satisfacer en este universo placebo y femenino,
Que no hay mas vidas que esta y es nuestro derecho vivirla con pasiones infinitas
sudando entre sus piernas y suavizando nuestros rostros untados en sus orgasmos.
no pedir perdón.
Aceptarlo.
Levantarlas de las caderas para entrar en vilo, hacerlas volar
  Muy alto, y gozar todos sus benditos flujos mojando nuestros labios.
Volver al mar en que ellas nos cobijan.
envolvernos de mil maneras, adheridos a sus carnes, perdiéndonos en sus rincones, humedecidos por nuestros dedos, después de haberlas acariciado y bebido por dentro.
Y desde ese mismo punto....
retomar los pasos y fallecer entre sus piernas apretadas por los temblores y jadeos acompasados por gemidos, mojadas por dentro con las furiosas mareas derramadas por nuestros sexos, turgentes, duros y palpitantes, ahogándonos en cada embestida bruta y masculina como un ocaso de luna,
despidiendo el día.. 
Don Juan De Marco, diluyéndose en orgasmos.


Trazos Sublimes

" Y mis perturbados pinceles fueron dibujando el deseo en rojo carmesí, mientras sus delicados pelos recorrían cada surco abierto en tu piel... de espeso color fui tatuando el placer de recorrerte, la espesa pincelada que prendía tu cuerpo dejándola expuesta a infinitos placeres, cargando cada linea en silueta extravagante, insultándote en colores, saboreando cada tono que de tu intimidad desprendías, bebiéndote con furia, tragando trazos rubíes humedecidos por mis dedos, penetrando tus paredes mojadas, abriendo la carne dibujada en jadeos, copiando placeres y estampando gemidos... de bruto tallado calando orgásmos infinitos, placebos muertos y salvajes, intensos deseos desvanecidos dentro, ahogos y sentires infinitos, convulsiones del color del fuego... eterno amante de sosiego indemne, listo para satisfacer todos tus caprichos y deseos ."

Don Juan de Marco, En La Caza,
con pinceladas salvajes.

viernes, 6 de junio de 2014

Sometido a tí.-

Atrapado por esos labios deseosos, temblando entre sus cabellos, me dejo llevar, atrapado por la impúdica escena a quienes no saben disfrutar de estos placeres tan carneos y reales... empujo hacia su boca  dejándole babear, dejo que lo disfrute plenamente mientras gime ahogada.... ella tiembla.... grita angustiada sin palabras que decir, sorbe dormida el sabor fuerte que que la invade, pero goza cada embestida, como si le alimentara el alma, jadea impúdica y sin defensa, se detiene para disfrutarlo todo dentro... acariciando el fondo de su garganta .... jadea ahogada y murmura su deseo mudo.... se siente poderosa ante el animal vencido y sin resguardo.... ama su sabor.... la profundidad que alcanza, y lo poderosa que se siente dentro... su boca suave lo somete, lo castiga sin descanso... desea que se derrame dentro, saborear la suavidad de su textura densa, de gusto fuerte y redondo... lo espeso de su caricia entre dulce y salada...
Por fin estalla dentro, llenando su boca, rebotando en sus dientes y lengua, degusta todo su sabor, su densidad y su furia ardiente, la boca de él gime a lo lejos mientras su cuerpo jadea, pero no lo suelta, y sin piedad lo chupa hasta dejarlo de rodillas y con sus ojos semi cerrados, así su cara de ángel florece entre jadeos y gemidos, entre olas y temblores,... sus labios lo sueltan cuando el se rinde estirado sobre las almohadas.
Lleva en sus labios el sabor que acaba de recoger de la batalla, lo unta en besos sobre su boca... el gime de placer y dolor por la dura insistencia de verlo rendido... goza cada una de sus expresiones, para finalmente, dejarlo jadear libremente... baja hasta su vientre y se abraza a él, para dormitar sobre su miembro aún de hinchadas venas, pero ya rendido, la fragancia de sudor y flujos benditos lo llenan todo, caldeando el aire que brota de su boca secándola por dentro, clama en la oscuridad del cuarto una segunda ronda, mientras juega con su lengua sobre la cabeza que mantiene el brillo de la saliva que uso para suavisarlo y así hacer más apetitosa la presa que acaba vencer en dura batalla, luego ríe... y se burla del tamaño reducido a las más mínima de las expresiones, deseando volverlo a levantar y degustar entre sus labios, sus dedos ayudan en la faena hasta verlo crecer nuevamente en su boca y todo vuelve a empezar, el no respira, sólo se deja hacer.

Don Juan De Marco, rendido a sus labios mortales.