martes, 2 de diciembre de 2008

Cuando te desnudas...cuando me provocas...

Me gusta cuando me provocas, cuando me buscas desnuda por tu cuarto,cuando tus nalgas se mueven al ritmo de tus caderas, que tus senos tiemblen a cada paso que das. Me gusta que tientes a oscuras, en el silencio de la noche, tus susurros envolventes, tus gemidos dormidos. Me gustas cuando te desnudas para mi.Siento como respiras en la oscuridad, como jalas de tu ropa, como tu piel aparece mostrando sus formas en la oscuridad. Me gusta como me provocas. Me gusta cuando abres las cortinas y tu figura se dibuja a tras lúz, como de la oscuridad de tus nalgas florece la delicada forma de tu sexo. Cuando desnuda en la cama me miras a los ojos gimiendo deseo, -ven, bebe de mi fruta-, mientras tus manos juegan con tus senos y pezones. Cuando abres las piernas, y veo brillar tu sexo abierto en el interior, asúsas, -¡bebe del néctar del cáliz sagrado!-, y ventilas tus piernas dejando salir el brillo de tus carnes abiertas y enchidas de deseo. Cuando volteas para exibir tu trasero y coquetamente me dices, - ¿te gusta ? ¿lo deseas? ¿quieres probar mi gusto y olor?...- echas tu cuerpo hacia atrás... tus nalgas turgentes se abren ofreciéndose sin vergüenza... descarada. Me gusta tu olor y me hundo entre tus sabores, te busco y provoco, te siento y acaricio, te poseo. La vida se vuelve lujuria, y te busco entre placeres infinitos, luego volteando tu cuerpo, voy recorriendo cada milímetro de tu piel, recogiendo el sabor de tu piel, dibujando tu figura, separando tus carnes en deseo, recogiendo con mi lengua cada gota frutoza y caliente, cálido tus senos me recogen, acaricio sus formas esbeltas para sorber de los delicados pezones, cada cristalina gota que brota de ellos, exprimiendo el cálido sabor dulce de un cuerpo encendido. Me gusta que me provoques. Me gustan tus piernas delgadamente largas, coronada por e delicado vello que cubre el sabor interno del gusto sublime. Amo como tu vientre serpentea a cada caricia, amo tus gemidos que brotan reaccionando a mis caricias, como tu cuerpo se quiebra entre contracciones, tus piernas apretadas rogando clemencia. Mis dedos buscan entre murallas resbalosas, el punto de ebullición, el principio del sudor que corre por tu cuerpo, ese punto en forma de nuez interior que va liberando sus aceites a cada caricia, a cada leve roce mojado, tus piernas ahogan los gemidos, te beso y separo tus piernas para beber de él, te entregas, te relajas y comprimes entre sumbidos susurrantes, tus labios se abren para hablar, no puedes, la sensación te embarga, te acongoja, te enmudece y te hace temblar, no puedes decir palabra sin cortarla a cada jugueteo de mi lengua insaciable. Eres mi deseo, eres mi pasión, eres la única razón para seguir viviendo, eres el deseo carnal, el pecado y la lujuria, eres mi perdición.Luego tu boca se abre, grita y gime, tus risas nerviosas no te deja respirar, tu vientre en oleaje furioso, corta tu respiración, y te mojas soltando todo el deseo contenido, te aferras a mi cabeza, me tiras los cabellos hasta arrancarlos, luego tus manos se esfuerzan en separarme de tu sexo abierto sin control, expiras y caes entre los colchones húmedos. Tu cuerpo mojado se entrega a las caricias, y me dejas entrar despacio entre tus piernas, nacen nuevamente los gemidos, y a cada embestida vuelves a jurar que nunca más me dejarás llegar tan lejos, pero sabes en tu interior que es lo único que te deja seguir a mi lado, me muevo enloquecido por el movimiento olístico de tus caderas, me dejo mojar en tu interior, resbalar entre tus delicadas carnes, hasta que mi cuerpo se paraliza para mojarte por dentro con mi cremoso y cálido deseo desatado, y quieto, conteniendo la respiración, hago que me sientas por dentro mientras tu cuerpo sigue convulcionando entre gemidos. Una vez extraído todo el jugo de mis entrañas, vuelvo a resbalar entre los fluidos para gozar la delicadeza de tu interior, dejando escapar las gotas que van quedando y saltando curiosas en tu océano mojado.

Nos dejamos caer vencidos por el cansancio, y abrazados nos contemplamos, mientras nuestras manos terminan el juego de la lujuria, y reímos para besarnos y comentar las sensaciones que nos invaden mientras hacemos el amor.

Don Juan De Marco.