jueves, 22 de septiembre de 2016

El delirio. ( A Ginebra Blonde.)

Debajo de esa bata de seda, solo tenía un conjunto de dos piezas con medias negras de encaje y sujetadores, un cuerpo fino y su perfume lo inunda todo, hasta mis neuronas calcinadas por el deseo. entra en mi ser inundándome su esencia con cada movimiento, se sienta en mis piernas y me quita el cigarro.
Se levanta, camina con paso seguro y sensualidad en sus tacones altos,se sienta al borde de la cama, abre las piernas y parece levitar en el aire. Sus ojos no se despegan de los míos y tras las telas de mi pantalón se desata una enorme tormenta. Continua volando por los aires levitando como una hechicera girando a gran velocidad entre las sábanas, mientras sus piernas se estiran y se encogen con cada giro, la música del Bolero de Rabel, parece estridente pero lejana, esta sudando por el calor que se genera dentro del cuarto añoso del Hotel Nacional de la Habana y mi erección empieza a doler por el erotismo de su seductora danza. Su cuerpo se detiene y sus manos se quitan el sostén negro y lo suelta hacia el toilette, nuevamente clava su mirada perversa e intimidante sobre. Baja y se revuelca en el piso abriendo las piernas y presionando sus senos con las manos.
Sus bragas delatan deseo y pasión, el encaje negro se despide de su cuerpo y recorre sus piernas llegando a sus tobillos, sus piernas se doblan y con las manos se quita la prenda completa, se levanta y recorre desnuda la habitación, sus nalgas tiemblan a cada paso, camina hacia mí y abriendo las piernas, se sienta  sobre mí, puedo sentir su aliento dulce y cálido bajando por mi cuello, me abraza, y baila sobre las telas delgadas de mi pantalón, dibujando con su sexo el mío, como si dos engranajes ensamblaran delicadamente. Mi erección siente su cuerpo y despide unas gotas, ella me recorre con la mano sobre las telas, cada detalle de mi Verga, despega las braguetas,y mete sus bragas para seducirme sin clemencia, sus manos entran delicadamente con ellas y tantean el flujo que que cae sutilmente, dibujando con sus dedos su figura. 
Se levanta y vuelve nuevamente a la cama, desordena las sabanas enredándolas entre sus piernas, su sexo puede verse desnudo y abierto por fugaces momentos cuando la luz blanca de la ventana golpea su desnudez, sus pechos son perfectos y sus pezones están erectos por sentirse observada, la canción termina, la aguja vuelve a su lugar. Ella hace una reverencia y se despide aventando besos el aire. Yo saco


sus bragas de entre las telas de mi pantalón, inhalo frente a sus ojos , aún se pueden sentir tibias y húmedas entre mis dedos, su esencia me trastorna, mis pulmones se llenan de su perfume, del olor de su sexo excitado, me vuelven un animal y quiero correr para levantarla en andas, para tirarla sobre la cama, y enterrarme en ella, aprieto la prenda con mis manos y nuevamente inhalo más fuerte que la primera vez, mi sangre corre rápido impulsada por mi corazón..
- ¿Viene solo caballero? – La voz del mesero me sorprende y me regresa momentáneamente a la realidad y lo miro intrigado.
- La señorita quiere tomarse una copa con usted en el privado 3, dice que ella invita. Y que ahí lo espera.
Se acomodo en el sillón y se desabotonaba la gabardina nuevamente, de un golpe suave, la abrió, ella seguía desnuda, con los mismos pezones erectos pero ahora con la luz suficiente para ver su sexo delicado y un tatuaje con forma de estrellas en la pelvis.
Iba a preguntar que tenía que hacer, pero sus labios ya estaban sobre los míos, su cuerpo desnudo me estaba recostando en el sillón y mis manos la tocaban desde las piernas hasta sus senos y mi erección cobro más fuerza, ella bajo el cierre de mi pantalón y metió la mano para liberar mi sexo, punta mojada ya, ella se fue acomodando para lamerlo con delicadeza mientras sus largas uñas me arañaban.
Su boca me llenaba de placer, sus manos me llevaban al límite, y su cuerpo desnudo me tenia a sincronía, su pelvis depilada estaba rozando mi sexo y ella estaba decidida a llevarla al límite.
Me acomode la ropa, ella se puso la gabardina oscura, así, desnuda por debajo, salimos del privado a la barra, pague al salir del bar, el aire corría y por momentos con el caminar, la gabardina se levantaba un poco pero a ella no le importaba, llegamos al hotel donde ella y yo nos poseeríamos con desenfreno.
Nadie en mi vida jamás me ha hecho lo que ella, no alcanzaría a describir, lo que hicimos en esa cama, solo puedo decir, que sólo en la habana puede ocurrir.

Juan de Marco, seducido por Ginebra Blonde

domingo, 11 de septiembre de 2016

Hasta lacerar nuestros cuerpos.




Desde que entró en mi cama, después de viajar muchos kilómetros....Acaricio mi pecho con sus enormes senos, sentía su carne abundante sobarse contra la mía, sus cabellos negros enredándose entre los míos, su calor, el sudor que nos empezaba a correr, húmedo, caliente. Su boca se planto en la mía, era un beso suave, frágil y feroz a la vez, sus dientes mordisquearon mi lengua, me halo el pelo con cierta fuerza, metió su boca y lengua entre mis labios.
Me abandone a sus besos que recorrían mi cuerpo, mientras sus senos y pezones se posaban en mi vientre, un ligero masaje excitante a mis sentidos. Comía golosa y tiernamente, pasándome su lengua, haciéndome gemir muy temprano con su avariciosa boca. Chupó, succionó y llenó mi piel de su saliva. Me dejé hacer, me abandone a mi goce. Sus manos apretaban mis nalgas mientras lamía mi vientre y mi ombligo. Acarició con su lengua mi sexo palpitante, unas lamidas que me hicieron volar, mientras sus manos oprimían mis nalgas mientras jadeaba desesperada, exprimiéndolas y acercándome más a su boca. Mi sexo era devorado por sus extasiados labios, metió su lengua tocándome por la pequeña ranura que destilaba las primeras gotas de éxtasis, con placer, haciendo que mi cavidad se llenara de jugos transparentes. Mis manos se tomaron de sus cabellos cuando sentí sus dedos juguetear entre mis nalgas. Giraban mientras salían y entraban como un tornillo indeciso. Sentí como con su lengua y sus dedos me hacían explotar, haciendo que me corriera en su boca.
Estaba amarrado a su cuerpo salvaje. Sus caricias me hacían flotar, manejaba mi humanidad como si tuviera resortes que solo ella pudiera tocar. Me acaricio con sus enormes senos recorriendo mi vientre, los tomo para atrapar mi sexo entre ellos. Haciendo que me corriera nuevamente. Tomó mi virilidad aún dura y palpitante, lo metió por las carnes húmedas y mojadas, cabalgando suavemente sobre él.
No sabía, nunca había tenido una mujer tan excitada sin conocerme, pero verla cabalgar sobre mi, mientras con sus manos masajeaba sus senos, me antojó probar lo más salvaje y mi sexo finalmente tronó dentro de ella hasta fracturar con mucho dolor toda mi hombría y deshacerme una vez más dentro de ella.
A pesar del tremendo dolor que sentía, era una dulce fruta, jugosa, cuando coloco su sexo sobre mi cara ya estaba empapada. Bese con deseo su saturada rosa, la saboreé y probé con ganas, con necesidad de acabármela. Mientras yo comía de su hermosa flor ella se doblo para volver a probar de la mía. Quede tendido en el colchón, lleno de pasión y jadeante, con su aroma impregnado en mi cuerpo. Le dio un beso a la cabeza brillante y adolorida, el contacto me estremeció, sentía como sus labios acariciaban mi sexo rozando constantemente mi piel de una manera tan tierna tan seductora que en ese momento pensé que jamás lo volvería a hacer con nadie. La pasión que la morena puso en ese, nuestro primer encuentro, hizo que tuviera unos orgasmos formidables. Después nos quedamos abrazados llenándonos de caricias, y terminamos profundamente dormidos a pesar del dolor.

Don Juan De Marco. Cita a Ciegas

Esclava del deseo...

Subimos las escaleras al viejo departamento, yendo de lado a lado entre besos y sin quitarnos las manos de encima, el asomagado aire a humedad y la oscuridad de las escaleras se convertían en testigos y cómplices de nuestros deseos.
Cuando llegamos a la puerta, la acorralé contra la pared del descansillo, le aparté el pelo a un lado, y le besé el cuello resbalando de abajo a arriba... le di un pequeño mordisco en la oreja y le susurré mis intenciones, apretándole contra el dintel de la puerta y abriendo sus piernas bajo su falda, para hacerle sentir como palpitaba si sexo tras les telas de mi pantalón.
Ella me miró sonriendo y mordiéndose el labio inferior, e hizo el intento de meter su mano bajo las telas, la cogí de ambas manos y las puse contra la pared a la altura de su cabeza.Acerqué mi boca a la suya, y le dije que le prohibía tocarme hasta que yo lo decidiera.
Ella, asintió con la cabeza, mientras ansiosa buscaba mis labios.
Me alejé, abrí la puerta mientras ella seguía contra la pared, y volví a por ella. La tomé por detrás con mis manos rodeando su cuerpo, guiándola hasta la habitación. La puse de cara a la puerta del vestidor, con mi mano dentro de su delicado calzón, jugueteando entre sus piernas y urgueteando entre sus labios íntimos que no dejaban de mojarse a cada roce.
-Gírate.
Ella, obediente, se puso de cara a mi, y le ordené desvestirse. Saco los tirantes de su vestido dejándolos caer resbalando por sus hombros hasta el piso de madera gastado por el tiempo y encostrado de cera. La miré sonriéndole, mientras me acercaba a su boca, ella se dejaba seducir. Fui quitándole la ropa. Le desabroché el sujetador con sólo dos dedos y voló a la otra esquina de la habitación.Ya solo quedaban entre mis dedos y su piel una tanga de raso azul. 
-Ábrete.- le ordené...
Fui bajando por su cuerpo entre besos, lamidos y mordiscos, hasta llegar a sus caderas. Por encima de las telas que cubrían su sexo, mordí suavemente y hasta hundí mi lengua mientras se doblaba de placer y deseo y con mis dedos entrando por los elásticos , tiré con fuerza desgarrándole lo que quedaba puesto, para dejarla completamente desnuda sobre los tacos altos de sus zapatos. Enterré mi cabeza entre sus piernas y mi lengua empezó a jugar zigzagueando entre sus carnes, hasta detenerse succionando con mis labios su clítoris.
Estaba empapada por la acción agresiva y el morbo de no poder hacer nada sin mi permiso. 
Después de disfrutar su sexo, me levante, la besé y la eché encima de la cama, volví a recorrer todo su cuerpo, su piel estaba erizada por el contacto frío de la cama.Me puse entre sus piernas, besando cada centímetro de ellas, hasta llegar a su sexo otra vez. Le besé, lamí y me aparté, le di un pequeño palmaso entre sus piernas chasqueando su piel. Subí los dedos hasta su boca para que los lamiera, y se los introduje muy despacio entre las piernas. Empezó a gemir y subí la mano para ahogar sus gemidos, mientras saboreaba el gusto de sus jugos que corrían escapando entre sus carnes y que destilaban mis dedos.
Una y otra vez, volvía a repetir la acción , mientras bebía con mi boca su sexo. Grito que estaba a punto de correrse.... Me detuve.
Me dejé caer encima de ella y empecé a quitarme la ropa. Cada vez que ella intentaba tocarme, le bajaba las manos a la cama.
Ella, sonreía y volvía a intentarlo. Me levanté, cogí la corbata y até sus manos por encima de su cabeza al respaldo de la cama. Me quité la ropa mientras ella me miraba tratando de desatarse y me puse sobre ella.
-Cómela.- le ordené intruduciéndole el sexo en la boca.
Ella obedeció, empezó a tragar, mientras yo jugaba con sus senos dejando caer mis manos sobre ellos, hasta que sentí que se volvía incontrolable, saque mi sexo y giré para enterrarme entre sus piernas, al sólo contacto sentí que jadeaba con fuerza y con mi mano puse mi sexo dentro de su boca y empecé a moverme a la vez que mi boca succionaba y golpeteaba con mi lengua el suyo... cuando sintió mi semen caer por chorros sobre su boca , se corrió instantáneamente, como si eso le causara el éxtasis y gatillara el orgasmo desde su interior, y entre jadeos tomó con fuerza mi sexo entre sus labios y no dejó chuparlo, hasta que nuestros cuerpos cayeron rendidos entre las sábanas...
Solté sus manos y con besos, dejamos que nuestros labios tranquilizaran los temblores de nuestros cuerpos y los agitados corazones que no dejaban de bombear. Seguí jugando con ella hasta que acabé corriéndome, mientras sus piernas amarraban mi espalda, atrapando mi sexo en su interior.​

Don Juan De Marco.... enseñando a obedecer.