martes, 27 de diciembre de 2016

Margarita, deseo insaciable.

Cada fin de semana lo pasábamos en la casa de mis primas. Nuestros padres jugaban cartas toda la noche, mientras jugábamos por el corredor, pero al caer la noche nos mandaban a acostar. Y es, esta parte de la historia, donde empieza todo. Como eramos niños, nos dejaban dormir en la misma pieza, yo con mi prima verónica, que teníamos una diferencia de edad, ella 18, yo 14 .Cada vez que esto pasaba, mi prima jugaba con mis fantasías.
Uno de esos días, se puso una delicada camisola azul, que dejaba ver su ropa interior, y se paseaba delante mio incitándome a un juego peligroso para los dos. Me miraba a los ojos para ver mi reacción y preguntaba, .-Te gusta pendejo-   y se agachaba para mostrar aún más. Subía las escaleras del camarote, mientras yo sentado en el suelo, no dejaba de seguir cada uno de sus movimientos. Su cuerpo era perfecto, y la manera en que movía sus nalgas, sublime, y antes de tirarse a la cama se quedaba quieta dejándome mirar, y sonreía socarronamente insinuante a cada movimiento, pero todo terminaba ahí. Era exquisito, pero también un suplicio dormir en la misma habitación. Esa noche no logré pegar un ojo y al día siguiente nos fuimos a casa, con toda la excitación en mi cabeza, y esos pensamientos que no me dejaban en paz.

Al llegar a casa abrió la puerta la nana que venía recién llegando del fin de semana, con un ligero pantaloncillo corto, que dejaba a la vista media nalga y una polera corta tejida a crochet, que no dejaba mucho a la imaginación. Muy excitado corrí a mi habitación, y me tiré en la cama a divagar con todo lo que había visto ese día, hasta llegar a la masturbación. Llegada la noche, cenamos rápidamente, para ir a dormir, mientras la nana terminaba de ordenar la cocina. Mi mente no estaba tranquila, divagaba y divagaba imaginando cosas, hasta que los ronquidos de papá me despertaron cuando estaba medio dormido. Mi sexo estaba duro, erecto, y mis pensamientos no dejaban de atormentarme. Ya no se sentía movimiento en la cocina, y sólo el calefont rugía a la distancia. Decidido a todo para tranquilizar mi cuerpo, corrí a la habitación de Margarita, y me quede escuchando hasta que el calefont se apagó, sentí la puerta del baño y entré a la habitación. Ella se cubría con una toalla sorprendida, yo no podía ocultar mi calentura tras el pantalón del pijama. 

Decidido me abalance sobre ella, la empece a besar agresivamente y entre tironeo y tironeo, sentí que su cuerpo se rendía, y se entregaba a mis besos locamente, hasta que soltó la toalla que le cubría quedando
desnuda ante mi. Las caricias no se dejaron esperar y mientras ella tiraba de mi pantalón, mis manos le recorrían su cuerpo mojado. Desnudos , nos dejamos caer sobre la cama, hasta enterrarme dentro de ella y como conejo me puse a copular, los gemidos se transformaron en jadeos, hasta que exploté dentro de ella dejando correr mi semen dentro. Caí rendido sobre ella , sin fuerzas para sostener mi cuerpo. Cuando quise levantarme, sus manos sujetaron mis nalgas y empezó a mover sus caderas delicadamente , mientras su vientre se rozaba con el mío, sus caderas hacían círculos imaginarios, hasta alcanzar un ritmo de ligero va y ven. Esos movimientos, sus gemidos, y susurros a mis oídos se volvieron música- así, así-, susurraba a mis oídos, hasta que sentí como mi sexo se endurecía dentro de ella. Todo se volvió mágico, nunca había sentido esa paz enredada con excitación. Sus caderas empujaban hacia mi, tan suave y delicadamente, que mis labios se dejaron llevar y envolver por los suyos. Sus gemidos eran exquisitos , sus senos suaves, los pezones ,  caramelos , que al succionarlos, dejaban escapar exquisitas gotas casi transparentes. Luego le besaba suavemente para ver como reaccionaban  a cada caricia.

Mi cabeza dejaba de divagar, la sensación era tranquila, y el va y ven de sus caderas, muy excitante para
pensar. Dejé que mi mente flotara en aras de disfrutar el momento, mientras la sentía jadear y susurrarme al oído, - soñaba con esto, ven- y volvía a gemir y jadear atrapando con sus piernas y caderas  las mías, sin dejar ese balanceo tan delicioso contra mi pelvis que empezó a moverse queriendo tomar el ritmo de ella, embistiendo contra su cuerpo, mientras su espalda se arqueaba para rozar con su vientre suavemente el mío. Estábamos sudados y excitados, el agua corría por nuestra piel, mientras los movimientos se hacían más fuertes y agresivos, y los jadeos se transformaron en chillidos, obligándome a tapar su boca , hasta que por fin embestí tan brusco y profundo , que su espalda se quebró arqueándose sobre si, para recibir todo lo que brotaba desde mi interior,  mientras ella, mordía su labio inferior quedando como suspendida en el aire y jadeando después de un silencio total, hasta caer rendida en la cama y sacudiendo su cuerpo contra el mío, cayendo extenuados sobre el colchón mojado del sudor... la pequeña habitación, olía a humedad y sexo.

Después de muchos besos, ella me dejó caer al costado sin dejar que me saliera de ella. Respirando con dificultad, se  montó sobre mis caderas, para iniciar un nuevo ritmo, ahora brusco, hasta sentir como me recuperaba al frote de sus caderas con las mías, y liberando mucha humedad desde dentro, para suavizar los movimientos con los que me envolvía, no fue difícil, y empecé a disfrutar de un nuevo juego. Ahora nuestros ojos se miraban fijamente, y podía ver con detalle las expresiones de su rostro, el disfrute que le provocaba montarme y batir sus caderas sobre las mías, a ratos brusco, a ratos suaves, mientras su vientre se contraía y soltaba cuando se venía sobre mí, para dejarme besar sus senos y disfrutar de mis besos, succiones y caricias, para volver a retomar el va y ven de sus caderas y azotar el respaldo de la cama a cada embestida, dibujándose su vientre y musculatura ante mis ojos, que no dejaban de gozar, las diferentes formas que tomaba su cuerpo con cada movimiento. Hasta que atrapo mis manos por sobre mi cabeza y aceleró sus caderas , girándolas y a ratos, con un incesante atrás y adelante con loco frenesí. Mis manos luchaban por liberarse, sus senos golpeaban fuertemente su pecho, elevándose por los aires y caer pesadamente golpeándose incesantemente entre sí. Para aumentar el ritmo se apoyó fuertemente agarrándose de mis pechos, y empujando con fuerza apretó sus labios, cerró sus ojos y se dejó ir mientras su interior dejaba correr grandes flujos de liquido viscoso, mientras se elevaba y dejaba caer con mi sexo
dentro suavemente, seguía corriéndose una y otra vez, provocando en mi una reacción inmediata, que nos alejó el uno del otro, para dejarnos llevar en un vuelo independiente hasta caer rendida sobre mi y , detenernos en un silencio infinito, mientras nuestros cuerpos, no dejaban de temblar y jadear descontroladamanete.

Ella se desmontó de mis caderas, para pedirme que volviera a mi cuarto, y tratara de olvidar lo que había pasado. Me levanté de la cama, recorriendola con mis ojos en toda su desnudez, guardando en mi cabeza , cada centímetro de su cuerpo, mientras ella trataba de desviar la vista , cubriéndose los senos con sus manos. Me senté a su lado y le di un último beso, hundiendo mis dedos en su sexo, para salir esparciendo nuestros fluídos sobre su vientre, terminando con mis dedos en su boca , mientras ella los lamía con placer. Luego le besé entre sus piernas mientras mi boca desaparecía entre sus labios vaginales, para mostrarle cuanto la deseaba y lo que había disfrutado estar con ella... los pájaros se escuchaban despertar detrás de las ventanas mientras nuestros cuerpos se enfriaban de tan acalorada noche.

Dormí como nunca, y desde ahí , cada día que pasaba cerca de ella, acariciaba disimuladamente su cintura , o sus nalgas , y si podía cada vez que nos quedamos solos , corría hasta quedar atrapado entre sus piernas y salvajemente hacíamos el amor . Cuando estaba con su período, disfrutábamos masturbarnos mutuamente, o tener sexo anal. Cuando estaba en ovulación, optábamos por el sexo oral, y así durante un año y medio... hasta que se embarazó de su novio, y decidió casarse... sin embargo, la despedida fue ... un día muy especial , que algún día les relataré con calma.

Don Juan De Marco, llamado por la naturaleza 

jueves, 22 de septiembre de 2016

El delirio. ( A Ginebra Blonde.)

Debajo de esa bata de seda, solo tenía un conjunto de dos piezas con medias negras de encaje y sujetadores, un cuerpo fino y su perfume lo inunda todo, hasta mis neuronas calcinadas por el deseo. entra en mi ser inundándome su esencia con cada movimiento, se sienta en mis piernas y me quita el cigarro.
Se levanta, camina con paso seguro y sensualidad en sus tacones altos,se sienta al borde de la cama, abre las piernas y parece levitar en el aire. Sus ojos no se despegan de los míos y tras las telas de mi pantalón se desata una enorme tormenta. Continua volando por los aires levitando como una hechicera girando a gran velocidad entre las sábanas, mientras sus piernas se estiran y se encogen con cada giro, la música del Bolero de Rabel, parece estridente pero lejana, esta sudando por el calor que se genera dentro del cuarto añoso del Hotel Nacional de la Habana y mi erección empieza a doler por el erotismo de su seductora danza. Su cuerpo se detiene y sus manos se quitan el sostén negro y lo suelta hacia el toilette, nuevamente clava su mirada perversa e intimidante sobre. Baja y se revuelca en el piso abriendo las piernas y presionando sus senos con las manos.
Sus bragas delatan deseo y pasión, el encaje negro se despide de su cuerpo y recorre sus piernas llegando a sus tobillos, sus piernas se doblan y con las manos se quita la prenda completa, se levanta y recorre desnuda la habitación, sus nalgas tiemblan a cada paso, camina hacia mí y abriendo las piernas, se sienta  sobre mí, puedo sentir su aliento dulce y cálido bajando por mi cuello, me abraza, y baila sobre las telas delgadas de mi pantalón, dibujando con su sexo el mío, como si dos engranajes ensamblaran delicadamente. Mi erección siente su cuerpo y despide unas gotas, ella me recorre con la mano sobre las telas, cada detalle de mi Verga, despega las braguetas,y mete sus bragas para seducirme sin clemencia, sus manos entran delicadamente con ellas y tantean el flujo que que cae sutilmente, dibujando con sus dedos su figura. 
Se levanta y vuelve nuevamente a la cama, desordena las sabanas enredándolas entre sus piernas, su sexo puede verse desnudo y abierto por fugaces momentos cuando la luz blanca de la ventana golpea su desnudez, sus pechos son perfectos y sus pezones están erectos por sentirse observada, la canción termina, la aguja vuelve a su lugar. Ella hace una reverencia y se despide aventando besos el aire. Yo saco


sus bragas de entre las telas de mi pantalón, inhalo frente a sus ojos , aún se pueden sentir tibias y húmedas entre mis dedos, su esencia me trastorna, mis pulmones se llenan de su perfume, del olor de su sexo excitado, me vuelven un animal y quiero correr para levantarla en andas, para tirarla sobre la cama, y enterrarme en ella, aprieto la prenda con mis manos y nuevamente inhalo más fuerte que la primera vez, mi sangre corre rápido impulsada por mi corazón..
- ¿Viene solo caballero? – La voz del mesero me sorprende y me regresa momentáneamente a la realidad y lo miro intrigado.
- La señorita quiere tomarse una copa con usted en el privado 3, dice que ella invita. Y que ahí lo espera.
Se acomodo en el sillón y se desabotonaba la gabardina nuevamente, de un golpe suave, la abrió, ella seguía desnuda, con los mismos pezones erectos pero ahora con la luz suficiente para ver su sexo delicado y un tatuaje con forma de estrellas en la pelvis.
Iba a preguntar que tenía que hacer, pero sus labios ya estaban sobre los míos, su cuerpo desnudo me estaba recostando en el sillón y mis manos la tocaban desde las piernas hasta sus senos y mi erección cobro más fuerza, ella bajo el cierre de mi pantalón y metió la mano para liberar mi sexo, punta mojada ya, ella se fue acomodando para lamerlo con delicadeza mientras sus largas uñas me arañaban.
Su boca me llenaba de placer, sus manos me llevaban al límite, y su cuerpo desnudo me tenia a sincronía, su pelvis depilada estaba rozando mi sexo y ella estaba decidida a llevarla al límite.
Me acomode la ropa, ella se puso la gabardina oscura, así, desnuda por debajo, salimos del privado a la barra, pague al salir del bar, el aire corría y por momentos con el caminar, la gabardina se levantaba un poco pero a ella no le importaba, llegamos al hotel donde ella y yo nos poseeríamos con desenfreno.
Nadie en mi vida jamás me ha hecho lo que ella, no alcanzaría a describir, lo que hicimos en esa cama, solo puedo decir, que sólo en la habana puede ocurrir.

Juan de Marco, seducido por Ginebra Blonde

domingo, 11 de septiembre de 2016

Hasta lacerar nuestros cuerpos.




Desde que entró en mi cama, después de viajar muchos kilómetros....Acaricio mi pecho con sus enormes senos, sentía su carne abundante sobarse contra la mía, sus cabellos negros enredándose entre los míos, su calor, el sudor que nos empezaba a correr, húmedo, caliente. Su boca se planto en la mía, era un beso suave, frágil y feroz a la vez, sus dientes mordisquearon mi lengua, me halo el pelo con cierta fuerza, metió su boca y lengua entre mis labios.
Me abandone a sus besos que recorrían mi cuerpo, mientras sus senos y pezones se posaban en mi vientre, un ligero masaje excitante a mis sentidos. Comía golosa y tiernamente, pasándome su lengua, haciéndome gemir muy temprano con su avariciosa boca. Chupó, succionó y llenó mi piel de su saliva. Me dejé hacer, me abandone a mi goce. Sus manos apretaban mis nalgas mientras lamía mi vientre y mi ombligo. Acarició con su lengua mi sexo palpitante, unas lamidas que me hicieron volar, mientras sus manos oprimían mis nalgas mientras jadeaba desesperada, exprimiéndolas y acercándome más a su boca. Mi sexo era devorado por sus extasiados labios, metió su lengua tocándome por la pequeña ranura que destilaba las primeras gotas de éxtasis, con placer, haciendo que mi cavidad se llenara de jugos transparentes. Mis manos se tomaron de sus cabellos cuando sentí sus dedos juguetear entre mis nalgas. Giraban mientras salían y entraban como un tornillo indeciso. Sentí como con su lengua y sus dedos me hacían explotar, haciendo que me corriera en su boca.
Estaba amarrado a su cuerpo salvaje. Sus caricias me hacían flotar, manejaba mi humanidad como si tuviera resortes que solo ella pudiera tocar. Me acaricio con sus enormes senos recorriendo mi vientre, los tomo para atrapar mi sexo entre ellos. Haciendo que me corriera nuevamente. Tomó mi virilidad aún dura y palpitante, lo metió por las carnes húmedas y mojadas, cabalgando suavemente sobre él.
No sabía, nunca había tenido una mujer tan excitada sin conocerme, pero verla cabalgar sobre mi, mientras con sus manos masajeaba sus senos, me antojó probar lo más salvaje y mi sexo finalmente tronó dentro de ella hasta fracturar con mucho dolor toda mi hombría y deshacerme una vez más dentro de ella.
A pesar del tremendo dolor que sentía, era una dulce fruta, jugosa, cuando coloco su sexo sobre mi cara ya estaba empapada. Bese con deseo su saturada rosa, la saboreé y probé con ganas, con necesidad de acabármela. Mientras yo comía de su hermosa flor ella se doblo para volver a probar de la mía. Quede tendido en el colchón, lleno de pasión y jadeante, con su aroma impregnado en mi cuerpo. Le dio un beso a la cabeza brillante y adolorida, el contacto me estremeció, sentía como sus labios acariciaban mi sexo rozando constantemente mi piel de una manera tan tierna tan seductora que en ese momento pensé que jamás lo volvería a hacer con nadie. La pasión que la morena puso en ese, nuestro primer encuentro, hizo que tuviera unos orgasmos formidables. Después nos quedamos abrazados llenándonos de caricias, y terminamos profundamente dormidos a pesar del dolor.

Don Juan De Marco. Cita a Ciegas

Esclava del deseo...

Subimos las escaleras al viejo departamento, yendo de lado a lado entre besos y sin quitarnos las manos de encima, el asomagado aire a humedad y la oscuridad de las escaleras se convertían en testigos y cómplices de nuestros deseos.
Cuando llegamos a la puerta, la acorralé contra la pared del descansillo, le aparté el pelo a un lado, y le besé el cuello resbalando de abajo a arriba... le di un pequeño mordisco en la oreja y le susurré mis intenciones, apretándole contra el dintel de la puerta y abriendo sus piernas bajo su falda, para hacerle sentir como palpitaba si sexo tras les telas de mi pantalón.
Ella me miró sonriendo y mordiéndose el labio inferior, e hizo el intento de meter su mano bajo las telas, la cogí de ambas manos y las puse contra la pared a la altura de su cabeza.Acerqué mi boca a la suya, y le dije que le prohibía tocarme hasta que yo lo decidiera.
Ella, asintió con la cabeza, mientras ansiosa buscaba mis labios.
Me alejé, abrí la puerta mientras ella seguía contra la pared, y volví a por ella. La tomé por detrás con mis manos rodeando su cuerpo, guiándola hasta la habitación. La puse de cara a la puerta del vestidor, con mi mano dentro de su delicado calzón, jugueteando entre sus piernas y urgueteando entre sus labios íntimos que no dejaban de mojarse a cada roce.
-Gírate.
Ella, obediente, se puso de cara a mi, y le ordené desvestirse. Saco los tirantes de su vestido dejándolos caer resbalando por sus hombros hasta el piso de madera gastado por el tiempo y encostrado de cera. La miré sonriéndole, mientras me acercaba a su boca, ella se dejaba seducir. Fui quitándole la ropa. Le desabroché el sujetador con sólo dos dedos y voló a la otra esquina de la habitación.Ya solo quedaban entre mis dedos y su piel una tanga de raso azul. 
-Ábrete.- le ordené...
Fui bajando por su cuerpo entre besos, lamidos y mordiscos, hasta llegar a sus caderas. Por encima de las telas que cubrían su sexo, mordí suavemente y hasta hundí mi lengua mientras se doblaba de placer y deseo y con mis dedos entrando por los elásticos , tiré con fuerza desgarrándole lo que quedaba puesto, para dejarla completamente desnuda sobre los tacos altos de sus zapatos. Enterré mi cabeza entre sus piernas y mi lengua empezó a jugar zigzagueando entre sus carnes, hasta detenerse succionando con mis labios su clítoris.
Estaba empapada por la acción agresiva y el morbo de no poder hacer nada sin mi permiso. 
Después de disfrutar su sexo, me levante, la besé y la eché encima de la cama, volví a recorrer todo su cuerpo, su piel estaba erizada por el contacto frío de la cama.Me puse entre sus piernas, besando cada centímetro de ellas, hasta llegar a su sexo otra vez. Le besé, lamí y me aparté, le di un pequeño palmaso entre sus piernas chasqueando su piel. Subí los dedos hasta su boca para que los lamiera, y se los introduje muy despacio entre las piernas. Empezó a gemir y subí la mano para ahogar sus gemidos, mientras saboreaba el gusto de sus jugos que corrían escapando entre sus carnes y que destilaban mis dedos.
Una y otra vez, volvía a repetir la acción , mientras bebía con mi boca su sexo. Grito que estaba a punto de correrse.... Me detuve.
Me dejé caer encima de ella y empecé a quitarme la ropa. Cada vez que ella intentaba tocarme, le bajaba las manos a la cama.
Ella, sonreía y volvía a intentarlo. Me levanté, cogí la corbata y até sus manos por encima de su cabeza al respaldo de la cama. Me quité la ropa mientras ella me miraba tratando de desatarse y me puse sobre ella.
-Cómela.- le ordené intruduciéndole el sexo en la boca.
Ella obedeció, empezó a tragar, mientras yo jugaba con sus senos dejando caer mis manos sobre ellos, hasta que sentí que se volvía incontrolable, saque mi sexo y giré para enterrarme entre sus piernas, al sólo contacto sentí que jadeaba con fuerza y con mi mano puse mi sexo dentro de su boca y empecé a moverme a la vez que mi boca succionaba y golpeteaba con mi lengua el suyo... cuando sintió mi semen caer por chorros sobre su boca , se corrió instantáneamente, como si eso le causara el éxtasis y gatillara el orgasmo desde su interior, y entre jadeos tomó con fuerza mi sexo entre sus labios y no dejó chuparlo, hasta que nuestros cuerpos cayeron rendidos entre las sábanas...
Solté sus manos y con besos, dejamos que nuestros labios tranquilizaran los temblores de nuestros cuerpos y los agitados corazones que no dejaban de bombear. Seguí jugando con ella hasta que acabé corriéndome, mientras sus piernas amarraban mi espalda, atrapando mi sexo en su interior.​

Don Juan De Marco.... enseñando a obedecer.

jueves, 21 de julio de 2016

Rompiendo promesas....

Nos habíamos hecho grandes amigos, pero su elegante figura, su delgada estructura , no dejaban de perturbarme. 
La tome un día de la mano y le pedí que me acompañara lejos, a orillas del mar, cerca de mi elemento, sin cuestionarme nada , armó una pequeña maleta y nos largamos.
Al ver el mar, no cabíamos en nuestras almas, y la ventana del segundo piso, daba justo al mar. Pedí el cuarto y mientras mirábamos por la ventana , con la vista perdida en el  mar, descorché un vino rose , para acompañar el sushi que habíamos pedido unos minutos antes. Conversamos como siempre de nuestras vidas y de viejos amantes, y aunque siempre habíamos respetado nuestra amistad, hoy sabíamos que podríamos tomar el camino equivocado.
Así nos pilló la noche, y mientras ya sólo se escuchaba el reventar de las olas, y el silencio de los pensamientos, nos miramos a los ojos y sin decir nada, ella se encaminó con sus tacos altos de rojo charol en dirección al baño, sin antes sacar de la pequeña maleta una camisola de raso de azul petroleo, que insinuaba un camino distinto de nuestra larga y casta amistad. En su mano aún llevaba un resto de vino rojo con el que mojó sus labios antes de entrar.
Su espigada y elegante figura, me apasionaba y nadie como ella podría lucir esa falda negra a la rodilla, ni la blusa de seda roja que envolvía su delgada figura. Los tacones rojos hicieron crujir las tablas de la habitación, el taconeo incesante le hacía más atractiva aún. No la imaginaba envuelta en esa camisola, pero tampoco dudaba, que nadie como ella la podría lucir. 
Al ruido oxidado de la manilla del baño, yo ya estaba envuelto, con sólo una bata de algodón aterciopelada de color azul, la esperaba sentado en el sitial de asomagado y húmedo olor a mar.
La habitación la esperaba a media luz, y el fuego de la estufa , daba un cálido acento de sensualidad. Se abrió la puerta arrastrando la madera por lo hinchado y húmedo del lugar. Su elegante figura y su estampa de hembra delicada y espigado porte, le hacía una fantasmal ilusión. Aún sobre los tacos, su fina figura lucia como una señora de recatada sociedad... ya era elegante, pero esa camisola azúl le hacía ver aún más bella e inalcanzable, nunca había imaginado que terminaríamos así. dejó la copa en el toilette, se tendió cuan larga era en las sabanas abiertas del catre de tosca madera para mirarme desde ahí e insinuar que estaba lista para dejar atrás toda nuestra larga conversación de viejos amantes , para descubrir una nueva dimensión de nuestra fiel y agitada  amistad.....
Encendió un cigarrillo, mientras yo terminaba el mío, nos mirábamos con lujuria y sorpresa, una delicada cortina de humo nos mantenía separados.
 Ahí estábamos los dos, los que habían roto todos los pactos y promesas  de eterna amistad, sólo amistad. La delgada tela de raso, dibujaba su delgada figura, la delicada forma de sus senos, que a pesar de la edad, se mantenían en su lugar con digna forma y volumen, Eran como dos delicados melocotones  que esperaban ser engullidos por la pasión y el deseo, sus pezones parecían dormidos, pero se alcanzaban a dibujar en la suave tela que les escondía. Su vientre respiraba agitado, haciendo bailar los senos como a las olas del mar, temblaba, como mis manos humedecidas por la angustia de tenerla semidesnuda ante mis ojos... La mirada era cómplice de sus pensamientos, sus ojos pestañeaban con intranquila inquietud, su rostro no dejaba de insinuarme los efectos sensuales del vino, mientras sus dedos me invitaban a sentarme a su lado. Levanté la mirada, la mire fijamente a los ojos y me acerque para sentarme al borde de la cama, a una distancia que me permitiera seguir gozando de la elegante figura que se escondía tras el raso  de azul petroleo. Puse delicadamente mis dedos en su vientre creando un ligero temblor, hasta que mi mano empezó a moverse al ritmo de su respiración, Mis manos eran como las olas del mar acariciando la arena, con la suficiente presión para mover la tela, de crear la misma sensación que crea la ola en la arena al reventar a orillas del mar. La tela se deslizaba junto con mis dedos formando una fina y casi imperceptible caricia entre mis dedos y su piel. Sus pezones fueron tomando forma hasta endurecerse y dibujarse perfectamente bajo los hilos. Mis ojos les miraban extasiados, y subí arrastrando los dedos hasta alcanzarlos, dibujando círculos a su alrededor.
La textura era suave.  Al pasar sobre ellos , pude sentir su exquisita dureza, mientras se escapaban los primeros gemidos y su vientre no dejaba de temblar. El aire salía de sus labios con dificultad, sus labios no dejaban de mojarse y tiritar, baje mi rostro para tranquilizarlos con un beso, la primera vez que los uníamos para sincronizar nuestros corazones. Nuestras lenguas se enredaron en una danza ritual, mientras se anudaban dentro repartiendo deseo en nuestros rostros y pintándolos de color.
Mis dedos nunca se quedaron quietos y bajaron por su vientre esculpiendo su figura con delicada pasión, hasta que alcanzaron la piel desnuda de sus piernas y subieron para perderse bajo las costuras del camisón danzando entre sus piernas y provocando que sus delgados muslos se separaran para seguir la procesión. Sus manos se enredaban ya en mis pechos, mientras sus dedos se perdían entre mis vellos crespos castaños blanqueados por el paso de los años, mientras mis dedos alcanzaban ya la humedad entre sus piernas, que tensas y firmes, recibían mis manos para bailar sobre el monte de venus, subiendo y bajando en una eterna caricia, la que esperaba el momento que su sexo se mojara, para que mis dedos se perdieran dentro del cofre suave y excitado por el deseo y la ansiedad.
Mis besos fueron mojando su largo e interminable cuello desnudo, explorando la sinuosidad de sus delgadas formas hasta perderse entre sus senos desnudos, los que habían perdido sus vestiduras, mientras mi boca bajaba para buscarlos desesperados por la excitación. Y así como la espuma corre sobre las desordenadas arenas, fueron mis labios buscando su vientre, mientras, mis dedos, hacían lo suyo en el sexo dilatado por la maestría de mis caricias sobre la desnuda piel.
Entonces, mientras su vientre agitado temblaba entre mis labios, mis dedos reptaron dentro de sus labios vaginales para perderse dentro, y sin dejarla respirar, crearon su primer orgasmo mientras apretaba sus piernas atrapando mis dedos en los jugos que corrían dentro sin destino ni voluntad, su espalda se levantaba empujada por su vientre que no dejaba de jadear, mientras sus piernas en frenesí, no dejaban de apretar y recoger cada caricia, cada pulso y cada temblor hasta caer rendida mientras ya mis labios se deslizaban en su sexo provocando un torbellino de sentimientos y orgasmos que la sacaban totalmente de control, y así , explorando mi lengua en su interior, recogí los últimos temblores y flujos que escapaban por sus labios vaginales y piernas entumecidas por el éxtasis que ella acababa de descubrir. Sin darle tregua, y mientras aún su vientre bailaba sus ritos de placer, separé sus piernas y me escabullí dentro de ellas empujando mi sexo dentro hasta alcanzar el último rincón, y la marea se hizo alta, las embestidas infinitas, y mientras ella jadeaba entre gemidos, empuje hasta sentir como me diluía entre sus carnes, hasta caer rendido mi rostro sudado sobre el suyo y adornar de besos sus labios, agradeciendo ese gesto de confianza, cuando le propuse perdernos en algún lugar, donde no llegara el pudor de otros a  juzgar nuestros deseos y nuestra libertad de sentir nuestros cuerpos desnudos y disfrutar de nuestra cómplice amistad.


Don Juan, Rompiendo el pacto.

martes, 10 de mayo de 2016

Pescador de Ilusiones.

Y como un pez se fué enredando en mis redes , expuesto su cuerpo desnudo a mi mirada... sobe suavemente el lomo mientras su vientre se recogía como la marea, sus gemidos eran cantos de gaviotas y sus piernas las alas que se abrían.
Tomé de su sexo el más salar de los sabores y la fui haciendo mía. Cada beso levantaba una nueva ola mientras sus senos se expandían como algas batidas al juego de las olas... Sus casquillos pesoneros se endurecían envueltos en mis labios mientras mis dedos dibujaban espumas entre sus piernas.
Entre en la profundidad rubí de sus carnes encendidas para golpearla dentro como son golpeadas las rocas por el mar, sentí sus quejumbrosas palabras de suplica pidiendo que no me detuviera, hasta que caí en el fondo de su alma levantando sus caderas en cada embestida, y nadé dentro como cetáceo en medio de las nubes,  floté por instantes hasta que perdí el horizonte de sus laderas, en donde sólo podía ver y sentir la humedad que escapaba de desde sus profundidades... y me mojé por dentro hasta sentir la suavidad de sus labios externos que me envolvían como una cobra a su presa hasta hacerme desaparecer entre sus piernas y soltar todo el torrente que se apretaba dentro... fueron olas de néctar que fueron a chocar
junto al fondo de sus paredes y sentí como jadeaba por dentro y fuera, y como sus desaires se ajustaban dentro para recibir cada uno de los jugos que derramaba dentro, y prisionero de sus muslos perfectamente ajustados no dejaban escapar ni la brisa que mis olas repartían en lo más profundo de sus ser, luego, se cerraron nuestros ojos y la resaca de nuestros gemidos quedó envuelto en sueños marinos que no nos dejaban ni decir los placeres que habíamos sentido. 

lunes, 9 de mayo de 2016

El Rosario De Madame Magade Qamar.



"De mis dedos hice un rosario de perlas que coloque delicadamente entre los encajes de su ropa interio
r rozando su suave y humedecida entrepierna y convertido en ellas, jugué entre sus piernas acompañando su día de placeres exquisitos... frías y redondas daba suaves caricias que la hacían gemir en el silencio, cada paso era un martirio de placer y un gozo a su piel... Me fui mojando con su elixir arrancado de masajes , golpes y vibraciones, y mi brillo tomó vida entre sus labios vaginales y al roce del minúsculo casquillo que brotaba entre sus labios vaginales... y mis perlas de labios podían sentir el sabor de su deseo, imaginando ser cada perla que rodaba entre sus pliegues de carne, absorbiendo las gotas que podían arrancar... hasta que la hice caer de rodillas y suplicar ni un paso más.. sus muslos se convertían en aguas que a caudales chorreaban entre sus piernas, mientras sus labios apretados guardaban en silencio cada gemido que quería escapar a ese suplicio de masaje del rosario que bailaba entre sus piernas rozando cada borde y entrando en profundidad dentro de sus labios vaginales ."


Don Juan Y el rosario de Magade Qamar

Camino al paraíso.


Mientras sus gemidos escapaban por las ventanas abiertas y los visillos nos exponían a los que a lo lejos nos escuchaban, te fuiste deshaciendo entre mis labios. Cada gota fluía tranquila jugueteando con mis labios, cada jadeo se volvía una danza de sábanas revueltas y los gemidos fueron acompañando con ritmo, cada sorbo que escondía mi lengua entre tus labios abiertos, mojados por el deseo y éxtasis que esas cortinas escondían... Los casquillos de tus senos se erguían aumentando la angustia de mis dedos por torcerlos suavemente y alargar infinitamente tus respiros... Pedías clemencia enredada entre las colchas, suplicabas que mi boca te dejara, pero aún no era el momento.Luego erguido busque entre tus piernas para hundirme hasta cortar el aire que te quedaba.... luego vino el silencio, Tirabas de las sábanas queriendo agarrar el último bosquejo de deseo, y tu boca apretó los labios entre los dientes , y el gemido liberó el último grito de aire que quedaba, tu cuerpo no dejaba de rebotar sobre el colchón...mis gemidos anunciaron la explosiva saga de orgásmos , hasta caer rendido sobre tu vientre, y sin dejar de refregarte a mis caderas, fuimos cayendo en el abismo , hundidos por la distancia que nuestras mentes creaban en un singular viaje independiente al paraíso.... silencio... todo fué silencio, y un te amo sellaba el encuentro, rodamos hasta dejarte reposar sobre mi vientre, mientras tu rostro descansaba en mi pecho.... soplabas suavemente jugueteando con mis vellos... y dormimos para soñarnos juntos.


Don Juan En viaje

viernes, 15 de abril de 2016

Brebajes...


Sólo ver como esa gota de café se arrancaba de sus labios, y como cayó con vértigo entre sus senos e imaginar como esta se perdía en su escote e imaginar como se deslizaba suave en cada uno de sus recovecos.... mi boca empezó a salivar, ella lo notó y sin darme tiempo a imaginar, abrió el escote de su blusa y enterró mi rostro entre sus senos... sólo ahí descubrí que la angustia no era sólo mía, no había notado yo donde descansaban mis manos hasta que ella las separó para acariciar justo lo que yo tenía encarcelado.... y deslizó sus senos por mi rostro que ardía de impaciencia entrando todo el perfume por mi nariz, un instante de detención y mis labios apresaron los casquillos de sus  pechos, mientras sus dedos ya habían desnudado mi sexo, para acariciarlo con devoción , mientras mis labios degustaban sus erguidos pezones que olían a café tibio, ... luego se alejó de mi , para verter el tibio brebaje que aún quedaba en la enlozada taza, la que dejó escurrir entre sus senos como una cascada de café... para luego colocar sus tibios pezones en mi boca.....el sabor y el aroma embriagaron mis confusos pensamientos soltando hasta el último deseo tras la cálida


y turbia gota que escapaba de sus casquillos  descafeinados... hasta que se entrego a su pesadilla.... sus labios tibios por el café, la suavidad de sus labios socorría a la suave tela de prepucio, la que fue cediendo a su sed , y se deslizó para dejar al descubierto la rozada piel que empezaba a tomar el color de rubí, que rebalsaba por salir en el henchido miembro erguido que clamaba sus caricias sin recelo, y fue desapareciendo entre sus hinchados labios sedientos de néctares y angustiada inmoralidad... hasta que por fin fue cubierto por completa para renacer entre ellos tras el vaivén del deseo... mientras yo me recostaba, para esconderme entre sus muslos y beber de ella el espeso brebaje que escapaba por la excitación del momento.... y cuando ya lo tuve desnudo, abrí sus labios para esconder los gemidos que escapaban de mis labios , para devolverle con el mismo éxtasis , lo que yo estaba sintiendo, y no nos detuvimos hasta que nuestros sexos soltaron todo aquello que se había acumulado entre sorbo y sorbo de café.


Don Juan tras la gota de café.