jueves, 5 de abril de 2012

La Renuncia...





"Su imagen triste frente al espejo, y un cuerpo vestido de negro no para seducir, sino que para guardar un luto, la máxima expresión de sensualidad, hoy escondía, más que un deseo, una pena que parecía que nunca iba a olvidar. Pero ese espejo aún le reclamaba que estaba vivo, y aunque la congoja la paralizaba, su sexo aún solía humedecerse al escuchar palabras acerca de su belleza. Era cierto, de su lado había partido el único hombre que había amado, pero del otro lado del espejo, había una mujer distinta, una mujer que relucía por su belleza, la imagen que aparecía y desaparecía del cristal, no se conformaba con lo que la vida le estaba arrancando... la libertad de volver a sentir unos dedos recorriendo su cuerpo, de ser tocada y deseada, aún era muy joven. Aunque su corazón llorara, al otro extremo de su cuerpo había un sexo que aún palpitaba, y curiosamente, era él mismo, quién le alimentaba. Seguía enviando sangre para que este permaneciera vivo.Era una imagen bellísima, sus senos no tan jóvenes aún mostraban la delicada figura que un día había enamorado a ese que le había dejado sola, sus nalgas endurecidas, sus sinuosas caderas y la suave piel que lo cubría todo, hasta esos vellos oscuros bien delineados que cubrían el deseo más codiciado... ese rostro tan triste y sensual, y un par de ojasos negros que me miraban de reojo escondidos tras la largas pestañas.
Porque era la mujer del espejo la que me buscaba, la otra trataba de arrancarse de su reflejo, para no caer en algo que le causara una culpa que no quería sentir. Me acerqué escondiéndome en las sombras, la mujer del espejo me había visto, pero la otra ni siquiera lo presentía... hasta que estuve tan cerca de ella, que el calor que desprendía mi cuerpo entibió el suyo... en ese momento comprendí, que la imagen del espejo había desaparecido para entrar en ella... y fueron mis manos las que las ataron para que ninguna de ellas escapara... finalmente un beso, obligo al corazón a ocupar todas sus energías en mantenerla viva, olvidando por unos instantes la pena que sentía... Y ellas se unieron en gemidos, y como sólo una, se entregaron a todas las caricias que mis manos les regalaban... la alcé entre mis brazos, y ese negro que guardaba luto, se convirtió en un arma de seducción, volviendo a tomar el brillo para el que había sido creado.Mis manos separaron las telas del escote, para liberar sus senos llenos de deseo, y beber de ellos cada gota que emergía aprisionada por el tiempo, su cuello entregado a la caricia de mi barba desafeitada, fue convirtiendo la piel mustia en arroyo vivo, y el sudor volvió a aparecer en su cuerpo, y esos labios que sólo sabían de llanto, volvieron a descubrir los gemidos... y esa nariz siempre mojada, se secó para volver a sentir la fragancia viva de un nuevo cuerpo. 
Sus ojos cristalinos volvieron a tomar vida, y ya no se cerraban sólo para dormir la tristeza, sino que para dejar que las sensaciones le ahogaran cada lágrima y convertirlas en luces que se iban prendiendo en su interior, volviendo a chispear alegremente en el globo de sus ojos.
Fue así como su cuerpo volvió a sentir el deseo, hasta que sintió que la daga le separaba la piel para volver a sentirla viva dentro de sí, fue cortando los hilos de su tristeza para transformar sus murallas secas en manantiales de aceites untados por la pasión y suavemente sintió que la muerte la alcanzaba para volverla a la vida... entonces la otra imagen volvió al espejo para reflejar la alegría de sentirse una mujer deseada y complacida, que había borrado su tristeza..."



Todo en ti se volvía poema...




Deseaba tocarte, tomarte entre mis brazos, yhacerte mi mujer una vez más. Al entrar en el cuarto todo estaba en silencio. Las fragancias de nuestros cuerpos inundaban el aire, almendras e inciensos, se tomaban el espacio. La brisa marina luchaba por apoderarse de todo, pero el olor de nuestras pasiones finalmente le arrebataba su lugar. Todo estaba a media luz, por la ventana sólo algunos rayos sobrevivientes del atardecer se colaban por las cortinas de gasa. Al acercarme a nuestra cama, pude ver como un rayo de sol, todavía acariciaba tu piel, las sabanas dividían tu cuerpo en dos, por un lado tu espalda desnuda, y por el otro, tus nalgas acariciadas por el sol. Una tremenda sensación se apoderó de mi mente, apoyándome en la cama, besé tu espalda desnuda, mientras mi mano se apoderaba de tus nalgas, quitando las manos del sol.
No despertabas de tu somnolencia, y tu cuerpo temblaba al roce de mi mano, mientras mis labios se daban un banquete con el sudor que corría por tu piel. Te acomodaste reclamando tu espacio entre ronquidos. Me levanté para desnudarme, y cuando lo había hecho, me recosté a tu lado procurando no molestarte, mientras mis ojos disfrutaban de tu cuerpo límpido y desnudo.
M
e acerqué para disfrutar de tus fragancias naturales. Tu sudor, tus senos empapados en perfume, tus nalgas redondas que guardaban la fragancia del calor del día, todo en ti se volvía poema, cada rincón de tu cuerpo era un verso a la lujuria y la sensualidad. Me encanta tu olor. Nuevamente mis labios recorrieron tu cuerpo, mientras mi nariz se hundía entre los pliegues de tu piel, arrogante, suave y sudorosa.
Al despertar, con tus ojos semicerrados recorriste mi cuerpo, y pasando tus manos por mi pecho, me arrimaste a ti, colgándote de mis labios, como suplicante espera que se había gestado durante el día. Mis manos no se hicieron esperar, y tomándote de las caderas, te monte sobre mí. El gozo se iba dibujando en tu rostro, y tus piernas no demoraron en abrirse para disfrutar de la suave dureza de mi piel, suavemente lo deslizaste den
tro de ti, y tomando un ritmo cansino, dejaste que tu boca gimiera temblorosa de deseo mordiendo los labios con expresión apasionada, cada gesto de tu cara me excitaba y ponía a mil. Mi vientre no demoró en tomar el compás del tuyo, y resbalando por el cause de tu deseo, se dejó violar entre contracciones. No dejaba de rogar, sólo pedía que aumentaras la presión, hundiéndome en ti. Tus nalgas redondas tiritaban al compás de tus movimientos, mientras mis manos te apresaban entre las sabanas. Cada caricia era un gemido de dolor y placer, contenía mi cuerpo para que no explotara en orgasmo, pero tu boca pedía a gritos la crucifixión, y aumentando el infernal ritmo te apretabas cada vez más a mi, aumentando la presión y ordenando con rabia mi eyaculación, el deseo perturbaba tus sentidos, y cada vez te golpeabas con más pasión sobre mi, rugiendo entre gemidos, esclavizando mi deseo al ritmo que tu querías, y no paraste hasta hacerme explotar, mientras mordías los pezones de mi pecho y enterrabas tus uñas en mi piel, vencido por tu excitación me entregué a tus designios, y sin poder controlar mi cuerpo, me quebré entre convulsiones que no cesaron hasta escucharte gritar entregándote a tu éxtasis irrefrenable por el deseo que ardía en ti.
Caíste sobre mi cuerpo, para dormitar entre temblores, y juntos dejamos que nos cubriera la noche, entre palabras sin sentido y llenas de amor.