viernes, 31 de diciembre de 2010

Eva María, el último aliento.

viernes 31 de diciembre de 2010
" El aire esa noche, soplaba bañando su vientre en granos, su cuerpo tendido sobre las sábanas de terciopelo rojo servían de cobertor... sus senos se agitaron al roce de sus inquietos dedos, y su vientre se deshacía en la mullida cama. Como suaves pinceles, sus dedos pintaban historias sobre su sexo humedecido por el roce instintivo que la empujaba. Cada dedo era un color más aplicado sobre tela virgen de sensaciones, y la evidente excitación que brotaba entre sus piernas. Sus dedos sujetaron la seda que le cubría, para en ademán orgásmico, desnudara su cuerpo dejando su sexo desnudo y brilloso.
Bello a los ojos encantados del fisgón... Sus dedos no dejaban de rozar su piel y hundirse entre sus labios vaginales, los que salían brillantes por la miel que se generaba en su interior. No demoró mucho tiempo en brotar su piel en el vientre ante la cogida magistral de sus largos dedos de experimentada delicadeza. Tan sutiles caricias hacían agitarse mi corazón... desnuda, ausente, sumergida en sus recuerdos, su vientre se recogía ante la insistencia infinita de su mano... sometida al orgasmo de quizás ,que imagen que dibujaba su cabeza.
Era muy fácil adivinar por donde corría la historia que dibujaba entre sus vellos encrespados que adornaban el dorado pubis abierto a sus pensamientos. Al sentir como Eva se derramaba entre bramidos apretados entre sus labios... Al ver brotar el oro liquido de su interior, no pude detener mis instintos, y sin que ella notara mi presencia, me clave entre sus muslos mojados, bebiendo todo lo que de ellas salía, gozando cada instante de su interminable agonía, la que explotaba ante mis arremetidas... mis labios no dejaron que escapara ni una gota de vida... y ahí, tendida, no dejaba de agradecer mi animal instinto que terminaba por saciar hasta su más intimo y escondido deseo...
Tomé sus caderas suavemente alzándolas hasta la altura de mi cintura, y me deslice dentro de ella procurando separar sus piernas mientras arremetía para sacar el último gemido de sus labios... era tan suave ..que no demoré en estar en su paraíso interior rasgando el último halo de vida que en ella quedaba. Sus labios se separaron para gritar el último aliento de su deseo... y cayó muerta entre mis brazos cerrando sus ojos para lo que sería infinitamente, el último de sus gozos esperado... Nunca más la volví a ver, pero su perfume aún esta guardado en mi mente, como un cofre cerrado."

Don Juan de Marco.