La llave

" y cada vez que llegaba a su puerta, metía la llave y sin hacer ruido alguno, la quedaba mirando por el visillo. Sus piernas majestuosamente abiertas, y sus dedos envueltos en aceites haciéndola suspirar y gemir entre las sabanas. Menudo espectáculo regalaba. Sus dedos untados resbalaban entre las carnes con suavidad, parecían tejer luces en su cuerpo, su vientre bailaba mecido por los hábiles dedos que la remecían en pequeños movimientos exaltando  su esencia. Sus caderas se recogían, hundiéndolos aún más en sus carnes, para luego resurgir  untados de salvia, que como telarañas quedaban prendidas a sus muslos, y todo iba a dar a su boca, que con gran esmero y disfrute eran absorbidos por su lengua, sacando a lamidas el intenso sabor. Los gemidos ahogados y mordidos sobre las almohadas, rebotaban en el silencio, mientras la angustia hacia que se apretaran sus muslos atrapando sus dedos presos en el sexo  que no dejaba de latir. Finalmente su cuerpo dibujo la tensión en su vientre y quieta en el espacio y el tiempo, se dejó caer rendida sobre las sabanas cubriendo todos los espacios de la habitación. "


Don Juan De Marco... sólo gozo.

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