Hasta lacerar nuestros cuerpos.




Desde que entró en mi cama, después de viajar muchos kilómetros....Acaricio mi pecho con sus enormes senos, sentía su carne abundante sobarse contra la mía, sus cabellos negros enredándose entre los míos, su calor, el sudor que nos empezaba a correr, húmedo, caliente. Su boca se planto en la mía, era un beso suave, frágil y feroz a la vez, sus dientes mordisquearon mi lengua, me halo el pelo con cierta fuerza, metió su boca y lengua entre mis labios.
Me abandone a sus besos que recorrían mi cuerpo, mientras sus senos y pezones se posaban en mi vientre, un ligero masaje excitante a mis sentidos. Comía golosa y tiernamente, pasándome su lengua, haciéndome gemir muy temprano con su avariciosa boca. Chupó, succionó y llenó mi piel de su saliva. Me dejé hacer, me abandone a mi goce. Sus manos apretaban mis nalgas mientras lamía mi vientre y mi ombligo. Acarició con su lengua mi sexo palpitante, unas lamidas que me hicieron volar, mientras sus manos oprimían mis nalgas mientras jadeaba desesperada, exprimiéndolas y acercándome más a su boca. Mi sexo era devorado por sus extasiados labios, metió su lengua tocándome por la pequeña ranura que destilaba las primeras gotas de éxtasis, con placer, haciendo que mi cavidad se llenara de jugos transparentes. Mis manos se tomaron de sus cabellos cuando sentí sus dedos juguetear entre mis nalgas. Giraban mientras salían y entraban como un tornillo indeciso. Sentí como con su lengua y sus dedos me hacían explotar, haciendo que me corriera en su boca.
Estaba amarrado a su cuerpo salvaje. Sus caricias me hacían flotar, manejaba mi humanidad como si tuviera resortes que solo ella pudiera tocar. Me acaricio con sus enormes senos recorriendo mi vientre, los tomo para atrapar mi sexo entre ellos. Haciendo que me corriera nuevamente. Tomó mi virilidad aún dura y palpitante, lo metió por las carnes húmedas y mojadas, cabalgando suavemente sobre él.
No sabía, nunca había tenido una mujer tan excitada sin conocerme, pero verla cabalgar sobre mi, mientras con sus manos masajeaba sus senos, me antojó probar lo más salvaje y mi sexo finalmente tronó dentro de ella hasta fracturar con mucho dolor toda mi hombría y deshacerme una vez más dentro de ella.
A pesar del tremendo dolor que sentía, era una dulce fruta, jugosa, cuando coloco su sexo sobre mi cara ya estaba empapada. Bese con deseo su saturada rosa, la saboreé y probé con ganas, con necesidad de acabármela. Mientras yo comía de su hermosa flor ella se doblo para volver a probar de la mía. Quede tendido en el colchón, lleno de pasión y jadeante, con su aroma impregnado en mi cuerpo. Le dio un beso a la cabeza brillante y adolorida, el contacto me estremeció, sentía como sus labios acariciaban mi sexo rozando constantemente mi piel de una manera tan tierna tan seductora que en ese momento pensé que jamás lo volvería a hacer con nadie. La pasión que la morena puso en ese, nuestro primer encuentro, hizo que tuviera unos orgasmos formidables. Después nos quedamos abrazados llenándonos de caricias, y terminamos profundamente dormidos a pesar del dolor.

Don Juan De Marco. Cita a Ciegas

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