domingo, 11 de septiembre de 2016

Esclava del deseo...

Subimos las escaleras al viejo departamento, yendo de lado a lado entre besos y sin quitarnos las manos de encima, el asomagado aire a humedad y la oscuridad de las escaleras se convertían en testigos y cómplices de nuestros deseos.
Cuando llegamos a la puerta, la acorralé contra la pared del descansillo, le aparté el pelo a un lado, y le besé el cuello resbalando de abajo a arriba... le di un pequeño mordisco en la oreja y le susurré mis intenciones, apretándole contra el dintel de la puerta y abriendo sus piernas bajo su falda, para hacerle sentir como palpitaba si sexo tras les telas de mi pantalón.
Ella me miró sonriendo y mordiéndose el labio inferior, e hizo el intento de meter su mano bajo las telas, la cogí de ambas manos y las puse contra la pared a la altura de su cabeza.Acerqué mi boca a la suya, y le dije que le prohibía tocarme hasta que yo lo decidiera.
Ella, asintió con la cabeza, mientras ansiosa buscaba mis labios.
Me alejé, abrí la puerta mientras ella seguía contra la pared, y volví a por ella. La tomé por detrás con mis manos rodeando su cuerpo, guiándola hasta la habitación. La puse de cara a la puerta del vestidor, con mi mano dentro de su delicado calzón, jugueteando entre sus piernas y urgueteando entre sus labios íntimos que no dejaban de mojarse a cada roce.
-Gírate.
Ella, obediente, se puso de cara a mi, y le ordené desvestirse. Saco los tirantes de su vestido dejándolos caer resbalando por sus hombros hasta el piso de madera gastado por el tiempo y encostrado de cera. La miré sonriéndole, mientras me acercaba a su boca, ella se dejaba seducir. Fui quitándole la ropa. Le desabroché el sujetador con sólo dos dedos y voló a la otra esquina de la habitación.Ya solo quedaban entre mis dedos y su piel una tanga de raso azul. 
-Ábrete.- le ordené...
Fui bajando por su cuerpo entre besos, lamidos y mordiscos, hasta llegar a sus caderas. Por encima de las telas que cubrían su sexo, mordí suavemente y hasta hundí mi lengua mientras se doblaba de placer y deseo y con mis dedos entrando por los elásticos , tiré con fuerza desgarrándole lo que quedaba puesto, para dejarla completamente desnuda sobre los tacos altos de sus zapatos. Enterré mi cabeza entre sus piernas y mi lengua empezó a jugar zigzagueando entre sus carnes, hasta detenerse succionando con mis labios su clítoris.
Estaba empapada por la acción agresiva y el morbo de no poder hacer nada sin mi permiso. 
Después de disfrutar su sexo, me levante, la besé y la eché encima de la cama, volví a recorrer todo su cuerpo, su piel estaba erizada por el contacto frío de la cama.Me puse entre sus piernas, besando cada centímetro de ellas, hasta llegar a su sexo otra vez. Le besé, lamí y me aparté, le di un pequeño palmaso entre sus piernas chasqueando su piel. Subí los dedos hasta su boca para que los lamiera, y se los introduje muy despacio entre las piernas. Empezó a gemir y subí la mano para ahogar sus gemidos, mientras saboreaba el gusto de sus jugos que corrían escapando entre sus carnes y que destilaban mis dedos.
Una y otra vez, volvía a repetir la acción , mientras bebía con mi boca su sexo. Grito que estaba a punto de correrse.... Me detuve.
Me dejé caer encima de ella y empecé a quitarme la ropa. Cada vez que ella intentaba tocarme, le bajaba las manos a la cama.
Ella, sonreía y volvía a intentarlo. Me levanté, cogí la corbata y até sus manos por encima de su cabeza al respaldo de la cama. Me quité la ropa mientras ella me miraba tratando de desatarse y me puse sobre ella.
-Cómela.- le ordené intruduciéndole el sexo en la boca.
Ella obedeció, empezó a tragar, mientras yo jugaba con sus senos dejando caer mis manos sobre ellos, hasta que sentí que se volvía incontrolable, saque mi sexo y giré para enterrarme entre sus piernas, al sólo contacto sentí que jadeaba con fuerza y con mi mano puse mi sexo dentro de su boca y empecé a moverme a la vez que mi boca succionaba y golpeteaba con mi lengua el suyo... cuando sintió mi semen caer por chorros sobre su boca , se corrió instantáneamente, como si eso le causara el éxtasis y gatillara el orgasmo desde su interior, y entre jadeos tomó con fuerza mi sexo entre sus labios y no dejó chuparlo, hasta que nuestros cuerpos cayeron rendidos entre las sábanas...
Solté sus manos y con besos, dejamos que nuestros labios tranquilizaran los temblores de nuestros cuerpos y los agitados corazones que no dejaban de bombear. Seguí jugando con ella hasta que acabé corriéndome, mientras sus piernas amarraban mi espalda, atrapando mi sexo en su interior.​

Don Juan De Marco.... enseñando a obedecer.

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