Atrapado....


 Que demonios la hacía tan seductora?, porqué en la tranquilidad de su cuarto buscaba desesperada una razón para provocar tan deliciosas sensaciones?... Era única en su tipo, sin grandes bondades podía hacer temblar a un hombre, Erika poseía la cualidad de envolverte sin que tu ni siquiera lo notaras, era tan delicada en sus ademanes, tan seductora a la hora de vestir, que necesitabas sólo una sonrisa de ella para enredarte en sus telas de araña tan finamente tejidas.
Sólo frente al espejo era un verdadero espectáculo observarla, y a mi que me enloquecen las dobles imágenes que entrega el espejo, me sentía atrapado entre esos dos cuerpos, una, el de una dama culta y sofisticada y al otro lado una mujerzuela que lograba hipnotizar con sólo abrir los ojos y mirarte fijamente.
Trate de recorrer el cuarto mientras ella se vestía para la cita que tendríamos en algunos momentos más, pero no dejaba de desviar la vista al cuarto semi iluminado con la delicada lampara puesta estratégicamente en el toillette, la que mostraba sólo su imagen del espejo, y esa puerta semi abierta que sólo me limitaba a observarla mientras se vestía sin pudor alguno, todo para caer entre esas redes finamente tejidas. Simplemente hermosa, la linea de su espalda caía como en un abismo de deseo y placer, su ropa interior sólo ocultaba lo necesario para volar entre sueños e ilusiones, el espectáculo había sido montado para mi. Al saberse observada, y terminando de ponerse el exquisito vestido de seda, susurró desde adentro...
-¿Me ayudas con la cremallera?....- arrastrando la AAA por todo el cuarto
Sin pensarlo me apresuré, su espalda desnuda y el fondo del abismo que se perdía en la delicada prenda azul, hicieron que mi sexo se enquistara entre mis piernas... Nerviosamente me acerqué a ella, y dejé que mis dedos se deslizaran por su espalda provocando temblores incontrolables en sus caderas, mientras la otra mano sujetaba delicadamente sus senos... su perfume invasivo entró por mis narices, empujándome al abismo, y mis labios se deslizaron por sus hombros hasta marcar su cuello con un delicado hilo de deseo, su imagen en el espejo dejó caer su escote, liberando dos hermoso senos de oro puro, tan dorados como el sol que le había acompañado durante el día. No soportaba tanta provocación y me acerqué a ella para hacerle sentir el volumen que escapaba de la tela de mi pantalón... luego empuje su cuerpo delicadamente, hasta que sus manos lograron agarrarse en la esquinas del toilette, su cuello cayó inerte dejándose besar sin limites, increíblemente excitado y extasiado por esa sensación,
me dejé llevar, haciéndole sentir físicamente cuánto le deseaba... el contacto de nuestros cuerpos vestidos le hicieron gemir casi en silencio, pero utilizando sus mismas técnicas de seducción, volví el escote de su vestido a su lugar, subí la cremallera de su vestido, y besandole en el cuello le susurré.....
-Se hace tarde, nos estarán esperando en el restaurante, no demores, te espero en la sala...."

Juan de Marco, el los hilos de la seducción.


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