Amante Dormida...

El vientre nacìa en deseo, el ritmo cansino de su piel se reflejaba entre las cortinas a contraluz. Un beso susurró recorriendo cada rincón de su cuerpo dormido, ella se dejó llevar... Mis dedos dibujaron su esbelto cuerpo entre gemidos dormidos, su vientre temblaba al compás de mis besos. Sus manos sujetaban mi cabeza, la que se desacía entre caricias, se escapaba para volver a sus senos, mis dedos coronabam sus pezónes mientras su piel brotaba. Una gota emergió, para caer por sus senos, mi boca se apresuró en atraparla. Beleidoza mi lengua contrajo su cintura, y entre espásmos gimiò deseo. Mis manos se deslizaron por su vientre hasta atrapar sus caderas y hundirse en su sexo húmedo y càlido, todo volvía a nacer entre mis dedos.
Mi rostro atrapado entre sus piernas se ahogaba mientras el sudor de su piel se adherìa a mis labios, temblaba. Retorcida entre las sabanas, suplicaba, lloraba de deseos satisfechos entre quemantes labios sexuales donde el manantial florecía.
El trueno del cuerpo ardiente mojaba las sabanas, en las que atadas sus caderas, luchaba insesante para liberarse del presidio eterno y golozo, moría, desaparecìa para volverse invisible a mis ojos. Lejos sus gritos se escuchaban, ella se evaporaba en deseo, se disolvìa entre gemidos, pero no dejaba de pedir que mis manos la sometieran. Me undì entre plieges sabrozos. Atrapado por el deseo, deje que mis sentidos volaran, sentí como mi cuerpo se liberaba, y las cadenas de mi infancia la llenaran. Era poeta y amante, era flor de un día, era ola susurrante y satisfacción de un cuerpo errante.
No quise despertar sus labios, y un pequeño roce despidió la noche y despertó el día.
Su cuerpo desnudo atrapado por las sabanas mojadas, se hizo lúz en la mañana. Estaba lleno, brillaba como el oro y permanecía quieto como el mar en calma. Sus piernas separadas me invitaron a probar el sabor dulzón de un orgasmo seco. Humedecí su piel con besos, y una vez que los labios se soltaron, un hilillo de deseo corriò hasta las ataduras de la cama.
Me fuì en silencio, mientras en sus sueños los gemidos aùn se escuchaban.
Don Juan de Marco.... he bebido del fruto prohibido y no lo puedo dejar.

Comentarios

lux ha dicho que…
que cuatiko. parece escrito por un clérigo desadaptado
Reina ha dicho que…
Divino fruto prohibido...

xxx

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