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Samhain...

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En algunos rituales se invita a los espíritus de los muertos a asistir a las festividades. Se considera una fiesta de la oscuridad, que se equilibra en el punto opuesto de la rueda con la fiesta primaveral, celebran como una fiesta de la luz y fertilidad.​  Los que creen que en Samhain, dicen que es el velo entre este mundo y el más allá, en su punto más delgado en todo el año, lo que facilita la comunicación con los que han dejado este mundo. Muchas veces le había espiado mientras dormía sus siestas. Solo un sujetador y una pequeña braga que se escapaba bajo sus faldas mostrando las bondades de sus nalgas, que suplicaban que se le acariciase como si fuera una gran pecado. Esa era su postura, cuando entre sus piernas y los vencidos elásticos, se escapaba una suerte de sudor y excitación; un néctar que invitaba a beberse sin limitaciones ni pudores; Hasta que un dia de atrevimiento y fiebre, me acosté a su lado y le dije cuanto la deseaba. No tardamos en estar desnudos y entregados...

¿Dulce o truco?....

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Puse un bol de caramelos en el arrimo de la entrada, me tire semidesnudo en el sillón con la tele encendida, descorché una botella de vino y abrí el libro de las vírgenes para celebrar el dia. Desperté en medio de alucinaciones y pesadillas eróticas media hora después. Al parecer había acertado: nadie llamó para pedir caramelos, pero sí estamparon huevos contra la fachada. Estaba indignado. No habría una tercera vez. Me quedé junto a la puerta, esperé en silencio y cuando sonó el timbre abrí con la furia. Me quedé inmóvil preso de la estupefacción. —¿Dulce o truco? La lujuria brillaba en sus ojos y su boca destilaba miel que hacia resaltar sus labios carnosos. La deseaba, desde el primer día, por eso accedí a que cuidara de mis plantas cuando yo no estuviera. Me gustaba observarle oculto tras las cortinas cuando salia es su bata a regar mis plantas con su voluminoso escote. Oculto, sí, los tabúes me frenaban. ¿Cuántos años tendría? ¿30?. Muchos menos que yo, aunque… parecían menos. Sus...

La vida del otro lado del espejo.

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Su imagen triste frente al espejo, y un cuerpo vestido de negro no para seducir, sino que para guardar un luto, la máxima expresión de sensualidad. Hoy escondía, más que un deseo, una pena que parecía que nunca iba a olvidar. Pero ese espejo aún le reclamaba que estaba viva, y aunque la congoja la paralizaba, su sexo aún solía humedecerse al escuchar palabras acerca de su belleza. Mi lengua nace del oído hasta bajar por su boca, perderse entre sus axilas humedecidas, donde le hacia estremecer, una espalda, un camino , una columna , un sendero de placer, hasta perderme entre sus nalgas al roce suave del pudoroso rincón rugoso que te llevaria al camino oscuro de su alma , donde un valiente se atreve gozar. Era cierto, de su lado había partido el único hombre que había amado, pero del otro lado del espejo, había una mujer distinta, una mujer que relucía por su belleza.  La imagen que aparecía y desaparecía del cristal, no se conformaba con lo que la vida le estaba arrancando... la lib...

Descabellado.

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  Llevaba tiempo asomada a la ventana, sus senos se escondian detrás del cristal, y mientras estaba sentado en el viejo escaño, se me vino una idea descabellada a mi cabeza, seducirla y llevarla a la cama a pesar de ser unos completos desconocidos. Corrí por las escaleras hasta llegar a su puerta, y al tenerla frente a mi, pensé en la excusa para seducirla y llevarla a la cama. Pasaron unos segundos antes de tocar el timbre, eternos segundos y sin pensar, toque tres veces. Otros eternos segundos pasaron sin ni siquiera sentir pasos adentro. Insistí, hasta que finalmente se abrió la puerta, para sorpresa mía no era ella, y estaba lejos de ser la belleza que veía por la ventana. Un moreno de metro noventa, de aspecto de rapero y pandillero, pregunto: -Que tanto apuro, ¿se esta quemando el edificio acaso?... Sin saber que hacer, respondí de inmediato: - Si, estamos evacuando el edificio, haga el favor de salir.- y corrí por las escaleras a la espera de que resultaría de todo esto. A l...

Malizia.

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Luego de la televisión, en 1975 llegan los betamax a Chile, y con eso la revolución. En casa de un amigo nos juntábamos a ver las películas que traía su padre de sus viajes. La primera película que vi, fue Malizia, de Salvatore Samperi y Laura Antonelli, película que marco mi vida para siempre. Mis primeros desnudos en la televisión. A esa altura, contaba con 13 años y toda la lujuria por delante. Hoy la Mujer de Negro , nos invita a retroceder en el tiempo y recordar. Sin embargo, la televisión ya no era extraña en casa, y aunque guardo buenos recuerdos, creo que mi fascinación por las películas y el beta, superaron todas mis expectativas y vicios. Una Mirada al ayer. Llevaba tiempo fisgoneando a la nana de la casa por el ojo de la cerradura y esa película, me llevó a dar un paso más.  Me hacia el resfriado y ponía cáscaras  de plátano en mis pies para que subiera la fiebre, para que mi nana me cuidara mientras mis padres veían televisión. Mientras me cuidaba. Leía un libro ...

Mínima..

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                                                                Es solo un deseo...       Juan De Marco

Sentencia.

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Prometo no fallar cuando me necesites prometo no fallarte ni a ti ni a nadie, Asi me cueste la vida. Prometo que no te faltaran mis caricias, ni mi amor , ni mis besos. Prometo no fallar nunca. Y un dia se fue... porque la vida dijo basta, no prometas nunca lo que no puedes cumplir. Hoy vengo por ti, porque ya no tienes tiempo, ni salud para cumplir. Entonces se cerraron sus ojos, y dejo de hacer promesas. El tiempo había expirado, la vida no le dio mas. Ella se pregunta, para que me prometió si al final no cumpliria. El, se fue sin decir nada. Juan de Marco.

Choque de Caireles.

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"Tembló el suelo y vio como la lámpara se movía haciendo chocar unos con otros los delicados caireles de cristal." Cuando nos encontramos, una violencia, que la razón no entiende, deja de controlar, anima nuestras almas, ya esos sexos, tienden al estallido y súbitamente, emerge la excitación en nuestros corazones trémulos, invitándonos a dejarse llevar por la tormenta en nuestras cabezas. El movimiento de la carne excede un límite en ausencia de la voluntad. La carne es en nosotros, ese exceso que se opone a la ley de la decencia. A esa voluntad reflexiva, la suceden los movimientos animales de esos órganos hinchados de sangre. La levante contra la pared, tirando al piso unos cuadros y fui ubicándola con una rara y maniática precisión, hasta que di con la altura que buscaba. Después de quedarme quieto un segundo, la penetre con una única, larga y lenta embestida. Ella, como muerta, se dejó hacer. La cogí con la paciencia de un orfebre, las mismas que había invertido a lo lar...

Vulvar.

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Tu desnudez mirada desde el triangulo desde el que te miro, isósceles perfecto, exudando, mientras mi cabeza yace atrapada entre tus piernas.  Tu desnuda, colmena de enjambres, hervidero alveolar, madriguera goteando en mi boca, avispero de esquirlas clavándose en mis labios.... Obscena y lasciva, abre tus ángulos para extraviarme en tu hoguera humeante y desnuda. Lucía escondida bajo las bragas, fresca, delicadamente rasurada, humedecida de besos, emanando tus aromas, germinando de humedad. Gire tu caderas deambulando entre tus nalgas. Me deslice suavemente entre ellas, deleitandome, saboreando cada rincón, procurando no acercarme a tus belfos empapados, hasta que estuvieras preparada para entregarlo todo. Al sentir escapar el silente gemido, hundí mi lengua descarnando la tibia alameda, cerrada y voluptuosa de vertientes, hasta desbordarte en gimoteos y converte en jadeos.... sólo el fondo sería el límite. Tus piernas se abrieron de par en par, dejándote engullir, mientras sujeta...

Alas de Mariposa

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 En el silencio del sueño, vuela una mariposa oscura y callada buscando la luz, y cuando la encuentra, vuela a su alrededor protegiéndola de aquellos que luchan por apagarla. Danzan como hadas vertiendo su tranquilidad... son las musas que alimentan nuestras plumas como tintas de colores. Luego, vendrán las letras... escribiendo sortilegios y hechizos de amor llenando las paginas que antes estaban desnudas. Juan de Marco