La danza de los amantes.

El zumbido en sus oídos le fue carcomiendo por dentro hasta explotar en su cerebro mientras su vientre se contraía con fuerza contra los alambrados, los gemidos se perdieron en el silbido del viento y perdiendo la cordura empezó a azotar su Vulva contra la alambrada mientras se desvanecía corcoveando como una yegua en celo. Por unos instantes sintió perder la razón dejando escapar bramidos silentes, mientras sus dedos se engarzaban en el frío metal que le impedía devorar la boca de su amante y empaparlo del néctar más exquisito que jamás probaría una boca. el elixir sagrado corría por sus piernas tibio y denso, oleoso y de una densidad exquisita, entonces se dejó caer extenuada sobre la foresta húmeda  que le soportaba.
 Su Vulva regordeta y roja por la excitación, no dejaba de golpearse contra la rejilla procurando no perder la boca insaciable al otro lado del alambrado que le impedía gozar plenamente de la pasión infinita que le provocaban esos golpes de lengua sobre su carne, la que se habría a cada beso ,  
gemía ahogada por el deseo... hasta que no pudo soportar su alma y quedo tendida  bañada por el deseo y el sudor que le cubría, mientras las contracciones de su vientre le arqueaban dejando ver la profundidad mojada y palpitante.
Al otro lado del alambrado, el mozuelo cubierto por la angustia, se dejó ir hasta quedar inconsciente por la acción salvaje  de sus propias manos.

Don Juan De Marco Adolescente. 

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