Seduciendo a Coral.

Mi experiencia  me indicó que la joven no estaba lista para complacerme tal como lo deseaba, enteramente. Sin abatirme, me dirigí al cuarto de baño y preparé la bañera con exquisitas sales aromáticas y jabón espumante, abrí una caja dorada finamente manufacturada, y saqué una bella bata color palo de rosa de exquisita seda. El cierre de ese vestido fue deslizándose entre mis dedos, mientras disfrutaba del paisaje de esa espalda espigada, cuyas huellas sobresalían levemente e insinuantes. Cada vertebra se le estremecía a medida que iba siendo desprovista del vestido. Su piel cálida y brillante incitando a ser besada y  finalmente, dos hoyuelos pronunciados, que parecían la señal de aviso de peligro ante aquellas sensuales curvas de sus caderas, como dos oasis ofreciéndose a mi sed de caminante. Al fin el ajustado vestido se desplomó ante mí y entonces los ojos se me abrieron desorbitados frente a la imagen extravagante de esos muslos redondos y erguidos; estos se asemejaban a dos prodigiosas columnas circulares que prescindían de cualquier otro atributo más que su propia redondez y su consistente hermosura. Pensé en el primer hombre… cómo no entender la tentación de Adán por morder aquella fruta prohibida? Si yo mismo, podía decidir sin dudar en ese preciso momento si me diesen a elegir entre el paraíso o hundirme en esos muslos, aunque ardiese luego y para siempre en el fuego eterno. Ese cuerpo al desnudo representaba los siete pecados capitales y también la redención de los mismos.
Ella se acercó al baño preparado por mi, y embriagada por mi delicadeza de Galán, dejó hundir una de sus delicadas piernas para probar la temperatura del agua, y ante mi ojos, dejé que su cuerpo se sumergiera en el agua tibia. De fondo, la trompeta de Luis Amstrong dejaba escapar las notas de un viejo jazz que envolvía el ambiente. El cuarto olía a perfume, los frascos liberaban fragancias a madera cálida, que adornaban cada rincón, liberando sus aromas hasta la embriaguez... Por largo rato, sólo la observaba, recorriendo cada rincón de su salvaje cuerpo, deteniéndome en cada milímetro de piel, para dejar que se transportara por aquellos rincones, donde, suponía que podría venir su deseo.
Al salir del baño de tina, la envolví en la bata de raso palo de rosa para cubrir el cuerpo mojado de Coral, tras las telas, sus senos bailaban libremente. La imagen era sobrecogedora, su belleza, deslumbraba por el sólo hecho de existir. El cabello caía mojado sobre sus hombros y de una sensual sacudida de cabeza, empapó mis ropas, y me regaló con la más complaciente de sus sonrisas. En mis manos, dos vasos de Ron. Al caminar hacia el cuarto, la bata no pudo sostener la forma de sus pechos, una rozada aureola se asomó... con algo, de inentendido pudor, los volvió a acomodar sin dejar de mirar mis oscuros ojos.
-Tóme asiento - dijo Coral, susurrando las palabras como un beso, indicándome un fachoso berger de cuero que adornaba el cuarto de hotel. Al sentarse, los cojines de cuero soltaron el aire, y algunas plumas volaron de él.
Se acomodó sentándose en el piso, sobre el parqué de nogal , que adornaba deliciosamente el lujo de la habitación... y su cuerpo se apoyo sobre mis piernas, envuelta en pulseras y collares de oro, una mirada recogida agradecía silenciosamente el gesto de ese delicioso momento que le había regalado.
- ¿No le importa verdad?- sus ojos me miraron somnolientos, mientras sus labios sonreían de verdad, como hacía algún tiempo no pasaba.
-n... no!, no se preocupe - respondí temblando, sorprendido.¿ Yo un seductor experimentado ? ja...
Coral me hablaba con exquisita sensualidad, las manos de la muchacha resbalaban sobre mis muslos, como si se tratara de su amante, hasta que finalmente abrió sus dedos en forma de tijera y los deslizó por mi bragueta, desabrochando cada botón. Por unos momentos, la embriaguéz del perfume que inundaba el cuarto y mis delicadas atenciones, le hicieron volar, trasladándola a un rincón tan lejano como su recuerdo. Su mano tibia se posó sobre mi pene, hasta soltar el último botón,.. Lo tomó con suavidad, pronto la tibieza de su boca lo envolvió. Caía pesadamente sobre el respaldo del sofá, perdiéndome en el laberinto de los deseos... mis ojos divagaban extasiados por la habitación, grabando cada rincón, al caer mi vista sobre el piso de nogal, pude ver, que en los rincones de la habitación, estaban los vestidos tirados desordenadamente, y la delicada bombacha de seda colgaba sin pudor, en un elegante biombo de caoba que cerraba la vista del tibio baño, donde hace algún rato había estado imaginando este momento con Coral.
Cuando desperté del trance, las caderas serpenteantes de la meretriz, montaban sobre las mías, creando ondulantes sensaciones en mi mente, mientras el mojado cuerpo de la muchacha temblaba entre mis manos. Su vientre, en oleadas, ayudaba a empujar hasta hundirnos excitada  suavemente en mi, y el berger, que a cada movimiento, liberaba cortinas de suaves y livianas plumas de ganso, pero ya era tarde para pensar o para detenerse. Los gemidos eran delicados, muy sutiles, los ojos se cerraban dejándose llevar, el silencio se apoderó del cuarto, el disco se había acabado, y la aguja zigzagueaba, sin encontrar una pista que tocar. Ella sostuvo mi cabeza apretándola contra sus pechos, y conteniendo la respiración, liberó un sutil y quebrado gemido, la pequeña muerte le había alcanzado, con la misma sutileza con que había hecho el amor aquella primera vez, los jugos corporales se mezclaron para terminar con la sinfonía, que el disco había dejado de tocar.
Luego de un rato, sosteniéndola de sus nalgas, la dejé caer suavemente sobre la colcha  de la cama labrada del hotel, y abotonando la bragueta de mi pantalón, me levanté para abrir las cortinas, que me liberaba de una intensa noche.
 Asomándome por la ventana, el último farol de la aristocrática avenida en que me alojaba, anunciaba la hora de dormir. Encendí un cigarrillo y bebí del ron que había quedado servido sobre el velador, y me tendí en la cama para disfrutar del perfume que me había dejado Coral en esa extraña noche de seducción, aún sorprendido por la actitud amorosa de esta muchacha.

Don Juan De Marco, Seducido por Coral.


Comentarios

Lunna ha dicho que…
No me extraña que se rindiera a tus maneras, dejandose hacer y luego siendo ella la que te seduciera a ti.

Me sigue encantando la sensualidad con la escribes, aunque hacia mucho que no pasaba por aqui. Lo hare mas a menudo.

Besos.

Lunna.
Shang Yue ha dicho que…
cazador cazado

no pasa todos los días!

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