Encrucijada de estrellas...
El patio es el declive por el cual se derrama el cielo en la casa. Serena, la eternidad espera en la encrucijada de estrellas; Ella respiraba a mi lado, dictaba un ritmo ajeno al curso del tiempo, esa otra ficción de la vigilia. Sentí el contacto de su brazo desnudo, el roce de sus senos y comprendí, con una mezcla de gratitud y vértigo, que durante unas horas secretas no había sido el hombre ciego que persigue adjetivos, sino un habitante del íntimo laberinto de la carne. No recuerdo las palabras que nos dijimos (el amor, como la música, prescinde de la sintaxis), pero retuve la certeza geométrica de sus formas, eternos acantilados de luz y sombra, vacíos sin memoria, vértigo desnudo sin fondo, acantilados redondos de bellos espectros silencios. Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos...
Pienso que el acto amoroso es quizás la única tregua que el universo concede a los hombres un instante sagrado en que dos cuerpos se confunden y se anulan, permitiendo que la marea de la sangre cante su victoria, por un momento que es una eternidad a la insalvable distancia de los espejos. Miró hacia la ventana, donde la luz de la ciudad y el ruido se esconden inventando otra mañana y supe que el recuerdo de esa piel sería desde entonces, una babilonia mítica, simbólica y profética... la mítica y real Babilonia como la metáfora suprema del pecado, la confusión y el mundo terrenal alejado de Sión y pude ver a Yeshuá recorriendo sus pasillos y proclamando la libertad del acto amoroso sin vender los cuerpos... cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras.
Juan de Marco
Otros Homenajes.


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