"... y entraste a la habitación a oscuras, te metiste en la cama, sentí el frío que traías en el cuerpo. Detrás de las telas de tu largo camisón, podía sentir tu desnudez, a pesar del frío, mis manos te buscaron a través de la tela, dibujé tus nalgas frías con mi mano, y me aferré a ti. Un abrazó que empujo tu cuerpo, ensamblándolo con el mío, perfecta unión, yo sin pantaletas y un tibio calor en mis genitales... Levanté la tela buscando tus muslos helados, subiendo hasta perderse mis dedos entre tus nalgas, las que endurecidas por el frío, entraban en calor al roce de mis dedos... no habían palabras, sólo un silencio otorgando derecho a mis dedos... los que siguieron su rumbo buscando la perfección de tus caderas, el tibio vientre que respiraba con dificultad. Tus senos, aunque pequeños, como de adolecente, hacían temblar mis dedos y se endurecían a las caricias... los casquillos se iban disparando al recorrido de mis dedos... sólo unos segundos bastaron para que ellos erguidos,...