
" Y mis perturbados pinceles fueron dibujando el deseo en rojo carmesí,
mientras sus delicados pelos recorrían cada surco abierto en tu piel...
de espeso color fui tatuando el placer de recorrerte, la espesa
pincelada que prendía tu cuerpo dejándola expuesta a infinitos placeres,
cargando cada linea en silueta extravagante, insultándote en colores,
saboreando cada tono que de tu intimidad desprendías, bebiéndote con
furia, tragando trazos rubíes humedecidos por mis dedos, penetrando tus
paredes mojadas, abriendo la carne dibujada en jadeos, copiando placeres
y estampando gemidos... de bruto tallado calando orgásmos infinitos,
placebos muertos y salvajes, intensos deseos desvanecidos dentro, ahogos
y sentires infinitos, convulsiones del color del fuego... eterno amante
de sosiego indemne, listo para satisfacer todos tus caprichos y deseos
."
Don Juan de Marco, En La Caza,
con pinceladas salvajes.
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