Evaporándose.
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Su cuerpo luce hermoso, acaba de depilar su sexo. Al pasar mi mano por ahí, siento como se excita su piel, puedo tocar su humedad y su deseo.

Al acercarme, noté como brotaba el néctar jugoso enredándose en mi lengua, separé sus piernas y bebí de él sembrando la agonía. Su vientre se contraía a cada beso, su piel se iba cubriendo de granos entumecidos, sus pezones liberaban gotas transparentes como un cristal, esencia dulce y brillante. Quise recoger cada gota que de su cuerpo salía, y recorrí su piel con besos amorosos.
Al llegar a la fuente del deseo, sus muslos aprisionaron mi rostro, sus piernas temblaban, sus gemidos recogían todo el aire que había en su habitación. Entregada a mis deseos sus piernas se abrieron, ni la fuerza más intensa pudo detener mi boca, y me escabullí para beberla hasta que su cuerpo se rompió en lamentos y agonía. Sus caderas se azotaban contra el colchón, su espalda se doblaba sacudiendo el sudor que corría por su vientre, el que gota a gota se mezclaba con mi olor, mezclando las fragancias de nuestros cuerpos , marcando la tela en fuego, esa fragancia que nos excita cada mañana cuando despertamos. Almizcle, dicen algunos que le llaman a esa particular fragancia que dejan dos cuerpos al fundirse y al amar. Ese olor que otros cuerpos desean poseer cuando la pasión despierta entre las sabanas al entrar a ordenar nuestras camas. Uno a uno se fueron dibujando los orgasmos en su piel...



Gritos y gemidos inundan la habitación, nuestros cuerpos se golpean, y sus manos atrapan mi sexo sin dejarlo escapar.... Lo agita queriendo morder sus carnes... y abriendo sus labios, lo engulle para devorarlo... no deja de gemir y temblar, provocando en mi cuerpo sensaciones exquisitas. Me sujeto de las sábanas y dejo que toda mi esencia se atragante en su garganta. Voy apretándola a mi sexo para ahogarla... lucha por liberarse... y soltándose de mis manos, balbucea su éxito entre palabras incomprensibles... Luego al verme caer entre las colchas enredado, me vigila atentamente mientras mi cuerpo retoma la calma... Sus manos aún no me han soltado, y agita levemente mi sexo para extraer las últimas gotas de mi existencia, y bajando, recoge con largos y lentos sorbeteos las gotas semitransparentes que escapan de él. Disfruta cada halo de vida con delicados besos hasta tranquilizarlo entre sus dedos...

Don Juan De Marco, sublime pasión....
Comentarios
muakusssss
Un beso.
:-)
Besos bajo las sabanas...
cuánto tardará ese vapor condensado en provocar nuevas precipitaciones?
;-)