La bailaora.

Mis manos fueron subiendo por su rodilla hasta apenas rozar su sexo, donde los vellos se enredaban entre mis dedos, y podía sentir la sabia que venía de su interior, luego i mano se poso en su sexo mientras ella aún movía sus caderas al son del baile, y las palmas que se escuchaban fuera de la habitación.
La alce de su cintura y la deje suavemente en el suelo, abrí sus piernas y me hundí entre las fragancias que dejaba escapar el frenético baile que acababa de bailar... bebí

Así nos dormimos, unidos por nuestros sexos y temblando de vez en vez.
Don Juan De Marco.
Comentarios
Un texto apetecible hasta el final, con la carga de la pasión como fondo, perfecto...
Un beso y un trocito de tarta para compartir contigo en mi primer Aniversario de mi blog, hay un post dedicado con todo mi cariño y admiración a mis seguidores-seguidos y en ellos te encuentras tú, luego también es tuyo…
Besos
Un beso, Kit